ENTREVISTA DEL DIARIO LA VOZ DEL CHACO
Reato: “Macri conoce los poderes reales”
Miércoles, 21 de Febrero de 2018
El periodista y politólogo, quien recientemente presentó su última obra Salvo que me muera antes, opinó que el kirchnerismo y el cristinismo tenían cosas parecidas: Habían elegido como adversario político a Mauricio Macri. Habló de que un gobierno no peronista debe tener un liderazgo muy fuerte y que la alianza en Cambiemos, del PRO y el radicalismo es un matrimonio por conveniencia.
En su reciente visita a Resistencia, el periodista Ceferino Reato habló sobre su nuevo libro que presentó en la Librería de La Paz, que narra la muerte del expresidente Néstor Kirchner, las diferencias entre kirchnerismo y cristinismo, y por qué lo recuerda como un político “astuto”, pero “sin principios”. 
Calificó al cristinismo como la fuerza que surgió tras su fallecimiento, asegurando que se trata de una minoría activa y con voz.
En una entrevista con La Voz del Chaco dijo que “Mauricio Macri nunca va armar un gabinete que no se someta a él; conoce los poderes reales, a los sindicatos, cuáles son sus puntos débiles y al empresariado”.
Opinó que la relación en Cambiemos entre el PRO y el radicalismo es un matrimonio por conveniencia que funciona bien, pero que tienen sus diferencias, y aclaró que un gobierno no peronista debe tener un liderazgo muy fuerte para poder gobernar.
—¿Cuál fue el motivo de su reciente vista al Chaco?
—Vine a presentar mi último libro que se llama Salvo que me muera antes, que narra la muerte del expresidente Néstor Kirchner y lo presenté en la Feria del Libro de Paso de la Patria y en la Librería de La Paz, el 25 de enero pasado. El libro comienza con el fallecimiento de Néstor Kirchner, como hecho conmocionante, un 27 de octubre de 2010, era el hombre fuerte el país y una de las hipótesis es que ese día moría el kirchnerismo y a la noche nació el cristinismo. Yo separo un poco entre Cristina y Néstor, a partir no sólo de los estilos políticos, sino que también a partir de una formación complementaria y distinta. Trato de ver a partir de un hecho conmocionante como ese que es lo que pasaba en la Argentina. Es decir que a partir del hecho trato de contar el contexto que es un poco lo que hago en todos los libros. Elijo un hecho periodístico muy shockeante y a partir de allí trato de contar la época. En este caso el kirchnerismo, el cristinismo, cómo estaba la Argentina en ese momento y como fue evolucionando. Es decir el impacto político que tuvo la muerte de Néstor Kirchner en la construcción de su funeral como un espectáculo político. Ese impacto que tuvo en el 2011 con esa fantástica elección de Cristina con el 54,11% en la primera vuelta y como eso lo fue perdiendo a los dos años. En 2013 perdió la elección provincial en Buenos Aires y eso terminó un poco con el proyecto del vamos por todo. Por qué pasó eso y allí estaba un poco la diferencia entre Néstor y Cristina Kirchner, pero a su vez ambos tenían cosas parecidas. Los dos habían elegido como adversario político a Mauricio Macri. Mauricio iba a encarnar ese partido de centro derecha destinado a perder, mientras ellos iban a ser los líderes del nuevo peronismo, del partido de centro izquierda. Curiosamente después termina ganándole Mauricio Macri.
—¿Considera que el cristinismo continuará existiendo?
—Yo creo que es una minoría activa y con voz. Minoritaria dentro del peronismo, aún cuando ella ha sacado muchos votos en la provincia de Buenos Aires y como es senadora se va hacer escuchar, pese a que este año va a estar surcado en que si va a ir presa o no. Está procesada, no hay doctrina dentro del Senado para desaforarla pero, vamos a ver qué es lo que sucede. Yo creo que con ella hay varios escenarios posibles, tiene un gran poder para obstaculizar cualquier renovación del peronismo, vamos a ver si lo usa y si el peronismo en 2019, decide perder o tratar de ganar.
—Evalúa que el peronismo está en condiciones de mutar. Jorge Capitanich en una entrevista con este medio planteaba que el peronismo siempre muta y se reencuentra.
—El peronismo tiene muchos votos y una gran sensibilidad en nuestra historia. De todos modos la gran novedad del macrismo es que lidera un espacio de representación de sectores que antes no tenían una representación genuina y que terminaban votando al menos malo. A veces al peronismo otras al radicalismo. Hoy esos sectores que vienen del conservadurismo, del liberalismo, o del centro derecha, tienen una fuerza política que los expresa y que es competitiva que puede volver a ganar en 2019. Eso hace que ese espacio de centroderecha esté ya ocupado, entonces el peronismo se tendría que reconstituir en otro espacio. Un espacio del centro, pero con un pie en la centroizquierda y eso lo puede hacer pero le va a llevar tiempo. Va a depender mucho de cómo le vaya en 2018 al Gobierno. Si es que le va a bien o mal en el aspecto económico y social. Ahora esto no quiere decir que el peronismo esté obligado o que la Argentina esté obligada a que ya en el 2019 tengamos un peronismo competitivo. Puede ocurrir que pierdan nuevamente y eso no va a ser ningún obstáculo para el desarrollo del país. El peronismo ha gobernado muchos años siendo de la derecha, izquierda, arriba o abajo, de manera que considero que necesita tiempo. Ese tiempo tiene que ver en cómo le vaya al Gobierno. Si al Gobierno le va bien este año, el peronismo va a poder elegir cualquier candidato en 2019 para perder. Si al Gobierno no le va bien se abre una ventana para tratar de construir un liderazgo competitivo. No puede pensarse que el macrismo o Cambiemos pueda ocupar todo el espacio. Ningún gobierno ocupa todo.
—¿Considera que al Gobierno le va a ir bien en 2018?
—No sé pero es un año en donde ha podido sacar unas cuantas reformas y veremos. Ya no está el cuco de Cristina, no puede volver y por lo tanto creo que la gente va a mirar en los resultados de este año. El primer desafío es crecer, ver si podemos romper esa inercia de que la Argentina crece en los años impares y se ajusta en los años pares. Crecer y que se sienta en el empleo y en el consumo.
—Hay una diferencia entre la reactivación que se plantea desde Cambiemos y la realidad de otras provincias, entonces la situación económica es totalmente distante de lo que es la realidad de Buenos Aires.
—En Buenos Aires nunca estuve muy atento a lo que ocurre en el interior del país. Es cierto lo que dice de que Cambiemos es una mancha que ocupa a las provincias del centro, preferentemente. Las de mayor desarrollo económico, pero nosotros es cierto estamos más preocupados de lo que pasa en las grandes ciudades. El crecimiento ahora de 3 puntos, no es que se note en todos los sectores, es bastante heterogéneo, hay sectores que están mejor que otros y allá también se nota eso. Si se observan los números del consumo no son buenos. Este es un Gobierno que a diferencia del kirchnerismo, apuesta más a la inversión. El año pasado hubo un gran empuje en la obra pública, pero este año no lo va hacer, probablemente eso dificulte lo que pase en las provincias como el Chaco que dependen tanto del gobierno. De todos modos a nivel nacional, el primer semestre va a ser duro, porque no hay manera que el consumo se apuntale porque hay varios ajustes que se han quedado pospuestos para después de las elecciones. Entonces otra vez el Gobierno apunta al segundo semestre de este año. Lamentablemente no parece haber una explosión del crecimiento. Habrá que ver como la base electoral de Cambiemos lo va procesando. Si el gobierno logra que su mensaje penetre, entonces sería como un cambio lento y seguro, pero hay que verlo.
—Hay gobernadores que  son más afines al gobierno nacional que tienen una buena relación. ¿Cuál debería ser la postura de esos gobernadores que hoy tratan de dar gobernabilidad.
—Supongo que esa debe ser la más lógica, porque después del kirchnerismo el país es mucho más unitario que nunca, entonces se depende mucho de la Casa Rosada. Yo no veo que tengan otro margen de acción. Creo que dependen mucho del Gobierno y hacen lo correcto. Además esa ha sido siempre una táctica peronista y en la oposición siempre se tienen distintas caras, distintas mesetas. La cara de los gobernadores es siempre tratar de sacarle lo más posible al gobierno central y tratar de cumplir lo menos posible de lo poco que se compromete. El Gobierno también los necesita, de manera que el negocio es bastante explícito entre ambos. Ahora que va a pasar en 2019 con ese peronismo que en 2017 fue dividido entre un sector más negociador y otro más duro o kirchnerista. Yo tiendo a creer que se van a juntar porque es muy difícil para el peronismo existir sin gobernar territorios, entonces ante la disyuntiva de perder van a tratar de juntarse en 2019 detrás de un candidato. Lo que pasa es que si al Gobierno le va relativamente bien, hay muchas provincias hay muchas provincias, en las que el voto a Macri concentra expresiones importantes del electorado que antes estaban dispersas y que ahora se pueden unir, como el Chaco, Salta. En el caso del Chaco es muy notable, porque ha gobernado el radicalismo, Acción Chaqueña, hay sectores no peronistas, que hoy tienen un liderazgo nacional muy claro y en el caso de Macri si le va bien y si se consolida en un liderazgo pueden ganar.
—¿El Gobierno necesita a Cristina libre?
—Bueno por ahora sí pero sí, pero si le va bien no y hay que ver que si lo de Cristina va a ser siempre eficaz. Creo que sigue siendo un poquito eficaz. Uno de los temas es ver si Cristina va a ir presa o no este año.
 
“Un gobierno no peronista tiene que tener un liderazgo muy fuerte”
 
—¿Cambiemos es un cúmulo de diferentes partidos. En algún momento el PRO se va a desligar o va a terminar absorbiendo lo que es la identidad del radicalismo?
—No, creo que es un matrimonio por conveniencia, como son todas las alianzas. El radicalismo le ha aportado territorio, algo que en el PRO no tenían mucha actividad, como es la fiscalización de las elecciones. Eso es muy importante para el Gobierno y la gobernabilidad le permite ganar elecciones y después ganar en el recuento también y el radicalismo también ha logrado cosas con el PRO porque no es que tenga liderazgos nacionales, ese su déficit. Hasta ahora les ha ido bien, son distintos, por lo bajo se pelean mucho, lo que pasa es que hasta ahora han tenido un enemigo en común que es el pasado, corporizado por Cristina, pero son distintos y piensan distintos. Muchas políticas económicas no son refrendadas por todo Cambiemos. El mismo estilo de Macri no les gusta; los radicales piensan que el PRO es muy cerrado que no comparte espacios y los del PRO piensan que los radicales son muy antiguos y que sólo piensan en los cargos. Lo que pasa es que eso no sale mucho a la luz porque hasta ahora al Gobierno le ha ido bien. Pero vemos en distintas decisiones que les cuesta al radicalismo apoyarlos, como la reforma previsional, la venta de algunos activos, la reforma laboral no sé cómo les irá, ciertos deslices verbales del presidente les molesta y les irrita mucho la piel de los radicales. Hasta ahora es un matrimonio de conveniencia que funciona, pero creo que a veces los radicales dicen que debería haber más concertación, pero eso Macri no lo va hacer nunca porque la enseñanza del gobierno de De la Rúa es que un gobierno no peronista debe tener un liderazgo muy fuerte y que los radicales además son poco disciplinados, en el sentido de que una de las enseñanzas que el PRO toma de la caída de De la Rúa es que el no controlaba su propio partido y el PRO tiene por sus orígenes conservadores, algo del peronismo que es el decisionismo. A Macri le gusta tomar decisiones en la junta, no le gusta esos cabildeos radicales, les molesta mucho.
—¿A quién le conviene más ese fantasma del helicóptero, al justicialismo, al sector kirchnerista o le conviene más como una pantalla para poner el cuco del kirchnerismo al sector de Cambiemos?
—No yo creo que, hubo un sector del kirchnerismo que estaba convencido de que Macri podía no terminar su mandato de hecho desde la existencia misma del peronismo, ningún presidente civil, no peronista terminó. Todos se fueron antes. Entonces creían que se podía repetir. Además hay muchos que piensan que Macri es un advenedizo. Pero Macri tiene cualidades que De la Rúa no tenía, ese decisionismo, conoce los poderes reales, conoce a los sindicatos, cuáles son sus puntos débiles, conoce al empresariado. Nunca va armar un gabinete que no se someta a él. No va a tener un gabinete de lujo como lo tenía De la Rúa, al cual el no controlaba. A Terragno no lo va a tener nunca de jefe de Gabinete, lo va a tener de embajador, ni siquiera a Sanz. No se los va a dar salvo una situación crítica porque es una sola voz la que cuenta y es la de él. No es Marcos Peña, ni ningún otro, el es el que manda.
—A este matrimonio por conveniencia ¿considera que le falta ideología y que ello le podría jugar en contra?
—Yo creo que ideología no le falta. Le falta un relato más clásico. Creo que la política económica es bastante clara crear un ambiente de negocios muy amigable, confiar en la inversión, garantizar la rentabilidad de las empresas, corregir todo lo que se pueda los costos. Abordar la cuestión económica por sectores. No es la estrictamente radical, pero es la ideología del PRO. Ideología tienen, sólo que tienen otra manera de vertebrarla y además el Gobierno no expresa toda la coalición. Creo que los radicales no se sienten expresados dentro del gobierno. Ni en la forma, ni en el contenido. Solo están ahí porque es el lugar en donde deben estar. En general chocan mucho los personajes, entre el PRO y los radicales no se llevan porque en el PRO es como que hay varias familias. Básicamente son liberales o conservadores, los conservadores tienen más peso al lado de Macri y ellos tienden a tener más afinidad, tal vez con los peronistas y los desarrollistas y no tanto con los radicales, que es algo curioso, pero al mismo tiempo, el PRO y los radicales comparten muchas veces las base electoral, es claro en la Capital Federal, pero me parece que en otras provincias también. Votantes radicales que pueden votar un candidato del PRO y viceversa. Entonces me parece que tienen un ideología que es más sinuosa, más sólida. Macri habla menos, pero es su formación y también es una cuestión de marketing porque si Macri realmente dijera lo que piensa de muchas cosas, pasaría como pasa cuando habló sobre las raíces europeas en la Argentina. Ellos operan mucho sobre el vacío, creen que muchas veces es mejor no decir nada.
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