SE CELEBRA DEL 13 AL 19 DE MAYO
Semana mundial del parto respetado
Martes, 25 de Junio de 2019
En Argentina los relatos de violencia obstétrica por parte de un alto porcentaje de personal de la salud, tanto hombre como mujer, son comunes todavía, pese a que cada año se realizan convenciones, charlas, cursos y otras actividades para profesionales, donde se hace foco en respetar el parto, teniendo en cuenta que cada mujer tiene el derecho a parir de la manera más cómoda, cuidada y dentro del marco del respeto por el momento que le toca transitar.
Bajo el lema El poder de parir está en vos, se celebra en todo el mundo el Día del parto respetado para visibilizar los derechos de la madre al momento de parir y del niño al nacer. 
Del 13 al 19 de mayo se conmemora la semana con la idea de que los centros de salud, hospitales y personal del área que interviene al momento del parto traten a las mujeres y personas con capacidad de gestar de la manera adecuada y erradicar la violencia que en muchos casos está presente en ese momento. 
La Ley 25.929 fue sancionada en Argentina en el año 2004 y tuvo que pasar mucho tiempo para que finalmente fuera reglamentada. Desde el 2015 la ley defiende los derechos tanto de la mujer, como del recién nacido/a y su familia como usuarios del sistema de salud antes, durante y después del parto.
Si bien, no existe una fórmula lineal del parto respetado, ya que cada mujer es única y tiene necesidades diferentes al momento de parir, es justamente lo que se debe respetar, sus necesidades al momento de parir y las del bebé que está naciendo. El fin, en sí siempre debe ser favorecer y armonizar la vivencia de dar a luz.
De acuerdo a la Ley Nacional se tiene el derecho a:
• Ser informadas sobre las distintas intervenciones médicas que pueden tener lugar durante el parto y postparto y participar activamente en las decisiones que acerca de las alternativas distintas, si es que existen.
-Ser consideradas como personas sanas, de modo que se facilite su participación como protagonista de su propio parto.
• Un parto respetuoso de los tiempos biológicos y psicológicos, evitando prácticas invasivas y suministro de medicación que no estén justificados.
• Ser informadas sobre la evolución de su parto, el estado de su hijo o hija y, en general, a que se les haga partícipes de las diferentes actuaciones de los profesionales.
• No ser sometidas a ningún examen o intervención cuyo propósito sea de investigación.
• Elegir quién las acompañe durante el trabajo de parto, parto y postparto.
• Tener a su lado a su hijo o hija durante la permanencia en el establecimiento sanitario, siempre que el recién nacido no requiera de cuidados especiales.
• Ser informadas, desde el embarazo, sobre los beneficios de la lactancia materna y recibir apoyo para amamantar.
• Recibir asesoramiento e información sobre los cuidados de sí misma y del bebé.
Según UNICEF, el parto respetado implica generar un espacio familiar donde la mujer y el recién nacido/a sean los protagonistas y donde el nacimiento se desarrolle de la manera más natural posible.
 
La violencia obstétrica 
 
Andrea tiene 21 años y es mamá de tres varones. En las tres oportunidades fue atendida durante los meses de gestación y al momento de parir en un hospital público del interior de la provincia, acompañada por diferentes ginecólogos y obstetras. 
“A mi primer hijo lo tuve a los 16 años y lo que recuerdo fue que en esa oportunidad el médico que me atendió me dijo que lo que más me convenía hacer era ligarme las trompas porque el notaba que no iba a poder mantener más hijos que el que estaba en mi panza, porque yo estaba sin trabajo y mi pareja también”, contó. 
A su segundo hijo, Andrea lo tuvo a los 18 años, antes de que su primer bebé cumpliera dos años. 
“Cuando me di cuenta de que estaba embarazada –otra vez- fui con un poco de vergüenza al hospital porque ya sabía lo que me iban a decir”, dijo e hizo referencia a jóvenes de su edad que habían pasado por la situación de escuchar los discursos de quienes debieran contener a las embarazadas y atenderlas en su derecho de acceso a la salud, pero que al contrario de hacerlo, cuestionaban la cantidad de veces que estas mujeres habían decidido ser madres, y siempre resaltando la situación económica o de vulnerabilidad en la que estas mujeres se encontraban. 
La situación más violenta sucedió cuando Andrea llegó al hospital público a punto de parir a su tercer hijo: “Yo estaba en la camilla en la sala de parto, y al momento de que el médico tenía que hacerme el tacto para ver si ya se venía el bebé, yo estaba con muchos dolores y le pedí que por favor esperara un momento porque necesitaba respirar. El médico me contestó: Eso lo hubieras pensado antes de abrir las piernas”. 
En ese momento Andrea tenía 20 años, y con la ansiedad, los nervios y los dolores naturales previos a un parto, no logró evitar la situación de maltrato, ni mucho menos emitir alguna opinión o palabra para que quienes debieran cuidarla respetaran ese momento tan sensible. “Lo único que hice fue llorar”, dijo. 
En Argentina los relatos de violencia obstétrica por parte de un alto porcentaje de personal de la salud, tanto hombre como mujer, son comunes todavía, pese a que cada año se realizan convenciones, charlas, cursos y otras actividades para profesionales, donde se hace foco en respetar el parto, teniendo en cuenta que cada mujer tiene el derecho a parir de la manera más cómoda, cuidada y dentro del marco del respeto por el momento que le toca transitar. 
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