TERCER MILENIO
El hijo de campesinos que coronó a la Virgen
Sábado, 07 de Diciembre de 2019
Quienes tienen muchas juventudes acumuladas en esta querida Formosa sin dudas que en esta jornada del 16 de julio evocaraán la memoria de un cura sencillo, humilde, honesto y valiente que a los 36 años se convirtió en el obispo emérito de la Diócesis local.
Tampoco que antes de ser consagrado en esa jerarquía era popular a lo largo y ancho del territorio como el paí Pacífico que llevaba la palabra de Dios a todos los rincones y dedicaba sus oraciones y su tarea misional a los más débiles, a los que necesitaban del incentivo de la fe, al menos, para poder realizarse en la vida.
Se trata de monseñor Raúl Marcelo Scozzina quien en su rica trayectoria terrenal abrevo dos momentos inolvidables: cuando en 1966 el Papa Paulo VI –a quien siempre admiró- le otorgó la gracia de colocarle la corona pontificia a la  imagen de la Virgen del Carmen y cuando, tras superar graves problemas de salud, regresaba  a Formosa y, ya jubilado, cumplió su sueño de siempre: hacer realidad el Vía Crucis Formoseño, el más extenso del mundo según quedo testimoniado en el Libro de Guinness.
Son catorce cruces de madera levantadas a lo largo de la ruta nacional 86, desde esta ciudad hasta el límite con Salta donde erigió un par de templetes con las imágenes de las patronas de las dos provincias hermanas: la Virgen del Carmen y la Virgen de los Milagros.
Scozzina  falleció en esta ciudad hace 9 años y decidió que sus restos descansaran definitivamente en la humilde capilla del paraje Alto Alegre donde descubrió la imagen de la Virgen de los Pobres. Para llegar hay que partir desde Pozo del Tigre hacia el Sur. 
Era hijo de campesinos, de humildes trabajadores de la tierra descendientes de italianos que lo vieron nacer un 14 de agosto de 1921 en San Martín Norte, Santa Fe.
Un  21 de julio de 1957, con 36 años, fue consagrado obispo de Formosa.
 
Un cura incansable 
 
Pese al paso de los años y las consecuencias de una enfermedad que obligaron a someterse a varios procedimientos quirúrgicos, cuando decidió regresar a Formosa luego de dejar la diócesis en manos de monseñor Dante Sandrelli, realizaba viajes al interior sin cesar para oficiar misa, presidir las ceremonias de confirmación de adolescentes y jóvenes o para peregrinar en vísperas de los días de Semana Santa.
Hasta cuando su salud debilitada lo permitió, repetía el viaje de tres jornadas por lo que se ha convertido en su obra que había dejado pendiente en 1976 cuando se jubiló: el Vía Crucis Formoseño.
Las catorce cruces de madera que lo conforman se levantan a la vera de la ruta nacional número 86 que lleva su nombre al igual que una calle de esta ciudad.
 
Sus pesares
 
Sufría por los aborígenes y por los campesinos sin tierra. Esa fue la razón por la que se convirtió en el guía espiritual de los dirigentes de la Unión de Ligas Campesinas Formoseñas –ULICAF- que lo catapultaron a la adoración entre los humildes y a la reacción torpe de los poderosos que lo descalificaron y hasta lo persiguieron y mortificaron hasta llevarlo a un adiós anticipado en su gestión pastoral, aunque lo siga negando.
Esa lucha la abrevó en el seno familiar porque sus padres habían sufrido lo mismo que los campesinos formoseños que querían planificar su vida en tierra propia.
Muchos jóvenes que siguieron sus enseñanzas lo recuerdan y coinciden en afirmar que mucho de esos sueños se hicieron realidad con el nacimiento del PAIPPA,
 
Para los jóvenes
 
Su pasión eran los jóvenes y bregaba porque ellos se despojaran  de preocupaciones serias, de formación propia que les impidiera pensar que debían vivir en una comunidad como parte de una familia humana.
Scozzina se solazaba con jóvenes con inquietudes por la solidaridad, por hacer el bien, por servir, por querer que las cosas mejoren, que cambiaran para bien.
Solía comentar como eran esos encuentros con los jóvenes y en los que descubría allí “cuantas ansias de bien, de heroísmo, de entrega, de servicio hay en nuestros muchachos y chicas; los he visto llorar, caérseles las lágrimas ante ciertas situaciones de las que, lamentablemente, han tenido que ser testigos y ver lo que ojalá nunca hubiesen visto. Porque no es nada edificante el mal ejemplo, el pésimo ejemplo de muchos mayores”.
“Los jóvenes tienen que estar palpando que reina un egoísmo tan extremo, un materialismo y un buscar solamente la Tierra que dificulta ,que hace muy difíciles levantar el espíritu pensar en valores, en cosas superiores, en aquellos que verdaderamente puede significar la convivencia humana, donde reine la alegría porque hay consideración y respeto”, reflexionaba.
Cuando dejo Formosa su tarea fue andar por los pueblitos del Chaco y del Norte de Santa Fe donde siempre se sintió más animado y más reconfortado con la gente simple y sencilla.
Allí siguió trabajando, auspiciando la conformación del coro polifónico de jóvenes de Florencia, una localidad ubicada en el límite entre Chaco y Santa Fe.
 
Su alejamiento
 
Una de las dudas que dejó planteada Scozzina tuvo que ver son las razones que motivaron su renuncia a la conducción del obispado ya que se tejieron muchas conjeturas al respecto e inclusive que había sido amenazado en ocasión de producirse los sucesos de 1976.
Quien suscribe esta nota tuvo ocasión de consultarlo. Así respondió el obispo emérito: “Uno puede retirarse no por temor o por miedo ni claudicando. Pero quizás puede retirarse dándose cuenta,  por situaciones especiales personales,  que no va a poder llevar adelante una determinada  empresa. Digo esto para que cada uno lo piense y me juzgue.Yo no me retiré porque me cansé de Formosa  a la que amé y amo. Tampoco voy a decir si hubo injusticias. Sin dudas incidieron circunstancias muy especiales para que yo tomara una determinación de esa naturaleza. Pero quisiera no ahondar en este tema. Sé que hay muchos que me quieren y eso lo agradezco”.
Creía que en su actuación no le hizo mal a nadie. Sin embargo, confiaba: “A aquellos que se sintieron ofendidos por alguna predicación mía les digo que  no fue mi intención ofender a nadie sino a decir la verdad. Y la verdad a veces duele, sin dudas”.
Quienes hicieron la primera comunión en sus épocas de párroco de la Catedral y hoy son abuelos, recuerdan con qué expectación el pueblo aguardaba su palabra cada 16 de julio, día de la Virgen del Carmen, patrona de Formosa y cuyo día celebramos hoy.
Es que su mensaje sintetizaba el sentimiento popular. Su pequeña figura, su voz debilitada y casi disfónica, mutaban sus caracteres a la hora del mensaje. Después de sus palabras, muchas cosas cambiaba.
Justo L. Urbieta
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