TERCER MILENIO
El Presidente que valorizó el programa para los campesinos
Jueves, 16 de Julio de 2020
Los hombres políticos se destacan por su sensibilidad para captar aquellas iniciativas válidas para determinados momentos de la historia de una comunidad y, en este caso, de un país y así lo ratificó el presidente Alberto Fernández cuando en su reciente visita se entusiasmó y valorizó el programa que recreó Formosa para mejorar las expectativas laborales y familiares de los campesinos.
Apenas se enteró que aquellos a los que se asistió desde el estado provincial en 1996 en la actualidad son los que abastecen con sus productos para alimentar a miles de familias de esta capital que se encuentran en situación de vulnerabilidad extrema.
Es que supo de la importancia que adquiere el PAIPPA como modelo a replicar a nivel nacional para la generación de trabajo y la producción de alimentos, sobre todo en comunidades como la metropolitana donde es escasa la presencia de estas actividades.
La idea de Gildo Insfrán fue lanzada por el gobernador el 15 de septiembre de 1996 en General Belgrano y no faltaron quienes pensaron que se trataba de otro de los tantos anuncios electoralistas de los que han abundado durante mucho tiempo.
Más aún porque se trataba de modificar el estilo de vida de los campesinos que tenían pequeñas parcelas y que al final de las campañas sus cultivos, mayoritariamente el cultivo algodonero, no les alcanzaba para compensar siquiera su esfuerzo en la tierra.
Se trataba de trabajadores rurales que no estaban contenidos por el estado y a los que se invitó a sumarse sin bolilla negra, es decir sin que importase su elección política, ideológica, religiosa ni el color de la piel.
Así fue que el denominador común era únicamente el grado de necesidad y desde el nacimiento del Programa de Asistencia para los Pequeños Productores Agropecuarios esa fue la directiva que recibieron desde un principio los funcionarios de todas las áreas del gobierno.
Además, se les pedía a los pequeños productores que con su participación y protagonismo facilitasen el cumplimiento de las distintas facetas del programa.
Insfrán les dijo esa vez que si aparecía alguien queriendo torcer esa decisión debían elevar su voz de queja y de denuncia.
 
Realizarse en su tierra
 
Con el PAIPPA se quería garantizarles el derecho a realizarse en su suelo natal terminando con ese penoso peregrinar hacia la periferia de grandes las ciudades con las consecuencias dolorosas que ello implicaba, es decir perderse en villas miserias y dependiendo de la buena de Dios. De allí que el PAIPPA, aunque novedoso, les generaba esperanza.
Más aún cuando se informaba sobre el rol participativo que se le asignaba a la familia rural en general y a cada uno de sus componentes, en particular, sobre todo a la mujer a la que apuntaba para que mejorase en conocimientos sobre nutrición y promoción humana con temas valiosos como higiene, salud, educación y el crecimiento consecuente de su autoestima para que motorice con vigor cada etapa de esta propuesta.
Con el varón, proponía trabajar desde el punto de vista de la diversificación productiva, capacitándolo para complementar sus conocimientos en la práctica laboral mientras que la pareja fue forjada en la recreación de los valores solidarios sobre cooperación mutua y autogestión.
 
La niñez y la escuela
 
Los niños también jugaban en este esquema, sobre todo, recibiendo en las escuelas, a través de una reforma curricular que ponía más atención en las cosas que entornaba la vida familiar, los conocimientos necesarios para que puedan darle continuidad en el tiempo a esta
También figuraban los jóvenes para quienes se crearon las alternativas educativas con salida laboral para que cuando completen las etapas de su formación educativa no tengan necesidad de emigrar y se realizaran plenamente en la tierra donde nacieron y a la que estaban ligados afectivamente.
Se la orientaba hacia disciplinas que tuviesen que ver con la producción agrícola, ganadera y forestal, así como con la alimentación.
Así se definieron los currículos para las escuelas primarias, el ciclo básico rural después, el secundario luego y, finalmente el universitario que está simbolizado por el Instituto Universitario de Formosa con sede en Laguna Blanca del que ya egresaron las primeras promociones de técnicos y hasta de ingenieros en Producción Agropecuaria.
 
Techo y tierra
 
Ya por entonces se impulsaba lo que desde el comienzo de su misión en el Vaticano propuso el Papa Francisco con aquello de tierra, techo y trabajo para los más humildes.
Para dignificar a la familia se construyeron las viviendas rurales PAIPPA que con su diseño arquitectónico sencillo y adaptado a las particularidades culturales campesinas, se convierten en otro hecho inédito en el país, erigido en la misma chacra de los productores.
El programa creaba, además, las condiciones de seguridad jurídica que por tantos años demandó el campesino y que se tradujo en las luchas de las Ligas Agrarias y en los movimientos populares.
Así se hizo realidad la entrega en propiedad de la tierra donde nacieron, viven y trabajan los productores en otro hito que pasará a formar parte de esta historia transformadora.
Insfrán, en sus épocas de diputado provincial consiguió que se aprobara un proyecto de ley que modificaba las exigencias en la Ley de Tierras que impedían que los más pequeños pudiesen recibir sus ansiados títulos.
Al quitarse lo estricto de la denominada “unidad económica” fue posible comenzar a despojar de la mente de los campesinos el antiguo y temido fantasma del desalojo, el ruido ensordecedor de las topadoras que en una época de la trayectoria histórica formoseña derrumbaban, sin miramientos, casas y ranchos humildes de todos ellos.
Además, a partir de una gestión ante la entidad que nuclea a los agrimensores formoseños se pudo resolver otro de los problemas que surgieron por la lógica carencia de ingresos suficientes: la mensura de las tierras.
Y sobre el tema de la propiedad de la tierra esclarecía con una cita: “Dad al chacarero una roca en propiedad y él os devolverá un jardín. Dad al chacarero un jardín en arrendamiento y él os devolverá una roca “.
 
Las etapas
 
A esa primera etapa del PAIPPA le siguió su organización desde la creación del Instituto para pasarse, progresivamente, a extender sus alcances a todo el territorio provincial con el objetivo superior de recrear una gran empresa social que haga realidad el sueño de fortalecer en el accionar cooperativo la gestión asociada que dejó atrás el andar individualista de los pequeños productores.
Una gran empresa de 10.000 socios produciendo a escala y comercializando conjuntamente sus productos primarios, pero también con el agregado de valor porque se apuesta a un proceso de industrialización para que las plantas y fabricas se establezcan junto a las chacras y quintas, es decir que cada familia se convierta en emprendedora y administradora de su propia pyme.
Justo L. Urbieta
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