¿Hay que terminar con el dólar ahorro


Las persistentes pérdidas de reservas de los últimos meses tienen como uno de sus elementos centrales la compra de dólar ahorro. La compra de 200 dólares ahorro a 100 pesos para revenderlo a 130 pesos en el blue, dejaba un margen de casi 6.000 pesos (menos algunas comisiones) sin demasiado esfuerzo. No por nada, el colero que compra dólar ahorro y lo revende en el blue fue el principal oficio en expansión durante la cuarentena. En agosto se estima que unas 4 millones de personas (casi el 10% de la población) compró dólar ahorro. Esa es la causa de que el Gobierno haya tomado una serie de medidas para desalentarlos. Medidas, muchas de ellas, con un costo elevado y una efectividad dudosa.
Poner un impuesto extra que lleve el dólar ahorro al valor que tenía el blue, parece un razonamiento demasiado limitado para controlar la pérdida de reservas por la actividad de los coleros. Si bien esa medida desalienta inicialmente la compra de dólar ahorro por los coleros, en consecuencia también disminuye la oferta de dólares en el blue que estos generaban. De esa manera, era de prever que esa medida empujaría hacia arriba el blue, tal como se adelantaron a marcar en sus cotizaciones las cuevas luego del anuncio de las medidas. Al subir el blue, vuelve la brecha con el dólar ahorro y se restablecen los incentivos a la actividad de los coleros y la pérdida de reservas recupera su ritmo. En ese sentido, la suba del dólar ahorro no tendría más beneficio que el fiscal, un tema de relevancia real secundaria pero que obsesiona al FMI y algunos funcionarios de economía.
Ante esa situación, ¿qué conviene hacer? Una medida indispensable es terminar de una vez con el dólar ahorro. Si bien ello puede generar una presión extra, la misma puede amortiguarse si se elimina el parking a la compra de dólar MEP para que ese mercado se reconstruya como referencia del blue. En paralelo, el banco central tiene que intervenir en el Contado con Liquidación operando sobre bonos para orientar la brecha. En ese caso, la pérdida de reservas que pueda darse para bajar el contado con liquidación tiene el consuelo que se utiliza para recomprar deuda en dólares disminuyendo pasivos futuros (algo mejor que regalarlo a los coleros). La reciente eliminación del parking a la venta de dólares (tan obvia e increíblemente demorada) y las restricciones a fondos extranjeros para liquidar posiciones en pesos y llevarse dólares son medidas que también contribuyen a descomprimir la tensión cambiaria.
Pero todas esas medidas serían poco conducentes si no se generan instrumentos de ahorro que compitan con el dólar tanto dentro como fuera del sistema financiero. Una moneda indexada, como venimos señalando en notas anteriores puede ser una alternativa para los sectores que aspiran a conservar sus ahorros y ven dificultado el acceso al dólar. Fuera del sistema bancario permitiría una opción alternativa al dólar para canalizar el excedente de la economía informal que, por su propia naturaleza, no puede acceder a inversiones dentro del sistema financiero. Con una serie de regulaciones, se podría extender su uso a las operaciones inmobiliarias cuando el sector reanude su actividad. De esa manera, se podría ir generando una moneda local que cumpla la función de atesoramiento que nuestro golpeado peso fue perdiendo frente al dólar, ampliando los márgenes de nuestra política económica.
Andrés Asiain

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