Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil forman bloque con los países del viejo continente
Acuerdo Mercosur-UE: mercado de 450 millones de consumidores abre nuevas fronteras para Argentina
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El acuerdo une a dos bloques que representan cerca del 20% de la economía mundial. Para la Argentina, el desafío ahora radica en la implementación interna y en aprovechar el tiempo de transición para fortalecer su competitividad exportadora.
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El pacto firmado entre los representantes del Mercosur y la Unión Europea constituye un hito diplomático y comercial para ambas regiones, ya que implica la creación de uno de los mayores acuerdos de libre comercio del mundo al integrar un bloque sudamericano.
La rúbrica del tratado tuvo lugar en Asunción, Paraguay, donde estuvieron en la ceremonia, el presidente Javier Milei, sus pares Santiago Peña (Paraguay) y Yamandú Orsi (Uruguay), y la presidenta del Comité Europeo, Ursula von der Leyen. El gran ausente fue el presidente de Brasil, Luis Lula Da Silva.
De este modo, Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, con el bloque europeo, que suma 450 millones de consumidores y cerca del 15% del producto bruto global, formarán un bloque de unos 700 millones de habitantes, el segundo más grande del mundo.
Hay que destacar que el acuerdo, aprobado políticamente por el bloque europeo en los primeros días de enero, requiere el visto bueno de los mandatarios sudamericanos. Se trata de un paso obligatorio antes de avanzar hacia las ratificaciones parlamentarias, que permitirán su entrada en vigor. Por lo tanto, varios especialistas creen que la puesta en marcha podría comenzar recién a fines de 2027.
El texto se centra en tres pilares principales: el comercial, el político y el de cooperación, con compromisos que abarcan desde la eliminación de barreras arancelarias hasta la definición de normas regulatorias que impactarán en la cadena de comercio entre ambas regiones.
Por otra parte, la firma se produjo en un contexto de expectativas por los efectos sobre el comercio bilateral, las inversiones y la regulación de estándares sanitarios y comerciales.
El trato, que se negoció desde mediados de los 90, fija compromisos sobre aranceles, cuotas, derechos de exportación y normas fitosanitarias que alcanzan a sectores clave de la actividad económica.
En materia de derechos de exportación, el acuerdo fija compromisos para que, a partir del tercer año de su entrada en vigor, la Argentina suspenda la aplicación a la mayoría de los productos enviados a la UE.
También habrá excepciones para sectores como soja, hidrocarburos, papel, corcho y chatarra. Dentro del complejo sojero, los topes máximos de retenciones comenzarán en 18% y las mismas descenderán hasta 14% al décimo año.
El impacto en la Argentina
Para Argentina, este pacto no solo representa el acceso a un mercado de 450 millones de consumidores de alto poder adquisitivo, sino también una oportunidad de modernización industrial.
-Acceso preferencial para el agro: Argentina es uno de los grandes ganadores en el sector alimenticio. El acuerdo elimina aranceles para el 99% de las exportaciones agrícolas del Mercosur. Productos como la carne vacuna, aviar y el azúcar tendrán cuotas libres de impuestos, mientras que otros productos clave como el vino, aceites vegetales y frutas cítricas verán una reducción gradual de aranceles hasta llegar a cero.
-Impulso a las economías regionales: gracias a la eliminación de barreras, productos emblemáticos de las provincias argentinas –como el maní, la pesca, el arroz, las manzanas y peras– podrán ingresar a Europa de forma más competitiva. Esto fomenta el desarrollo federal y la creación de empleo en el interior del país.
-Reconocimiento de indicaciones geográficas: el acuerdo protege más de 350 nombres de productos europeos en el Mercosur y viceversa. Esto significa que productos argentinos con identidad propia (como el Salame de Tandil o el Cordero Patagónico) tendrán protección legal en Europa, evitando imitaciones y potenciando su valor de mercado.
-Importación de bienes de capital y tecnología: la reducción de aranceles para la importación de maquinaria y tecnología europea permitirá a las pymes argentinas tecnificar sus procesos productivos a menores costos. Esto es vital para mejorar la eficiencia y la calidad de la producción nacional, permitiéndole competir en estándares internacionales.
-Reglas de juego claras y seguridad jurídica: el pacto establece un marco normativo estable en áreas como propiedad intelectual, servicios, compras públicas y desarrollo sostenible. Esta previsibilidad es un imán para la inversión extranjera directa (IED), ya que las empresas europeas encontrarán un entorno más seguro para radicar capitales en el país.
-Integración en cadenas globales de valor: al alinearse con los estándares de la UE, las empresas argentinas podrán integrarse más fácilmente como proveedoras de grandes firmas globales. El acuerdo fomenta la asociación entre empresas de ambos bloques para la producción conjunta de bienes con mayor valor agregado.
-Períodos de transición para la industria local: para evitar un impacto negativo inmediato en los sectores más sensibles, se acordaron plazos de desgravación arancelaria de hasta 10 y 15 años. Este paraguas temporal le da a la industria argentina el tiempo necesario para adaptarse, reconvertirse y ganar competitividad antes de la apertura total del mercado.
Un choque de discursos
En Argentina la Unión Industrial celebró el acuerdo Mercosur-Unión Europea, pero advirtió que implicará la necesidad de que el Gobierno garantice una mejora de la competitividad a las empresas locales que ahora enfrentarán la competencia europea. Todos entienden el mensaje entrelíneas: no habrá forma de que los industriales argentinos compitan sin una baja de impuestos y sin un peso menos apreciado.
Si bien esas advertencias de los industriales locales son permanentes, el timing de este acuerdo parece particularmente incómodo: justo se acaba de conocer el dato del uso de capacidad instalada en el sector fabril, y el 57,7% confirmó que se está en uno de los peores registros de la historia reciente. En casos particularmente sensibles, como el rubro textil, el desplome llega al 29,2%.
El discurso oficial presenta el acuerdo como una oportunidad: el canciller Pablo Quirno destacó que ahora habrá acceso a un mercado de 450 millones de consumidores, con un alto ingreso per cápita y que produce un 15% del PBI mundial.
La proyección oficial es que las ventas del Mercosur hacia Europa crecerán un 39%, mientras que las importaciones lo harán un 17%. De todas formas, los expertos advierten que la apertura será gradual –el cronograma de desgravación arancelaria para algunos productos llega a 10 años– por lo que no debe esperarse un impacto comercial inmediato.