Desde el norte del país se festejó el pase a la final del Mundial
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Desde Ingeniero Juárez hasta Mansilla, pasando por Clorinda y Formosa, el pueblo salió a la calle a pintar de celeste y blanco el paisaje y a celebrar el 2 a 1 de Argentina sobre Inglaterra en las semifinal del Mundial de Fútbol.
En un país en el que no abundan los motivos para festejar, los representantes del fútbol argentino le siguen regalando al pueblo alegrías épicas. Y más aún cuando enfrente está un rival, que digan lo que digan, es más que contrincante deportivo.
Es por eso, ni bien pitó el final del partido el árbitro estadounidense, el grito de desahogo del país se escuchó desde Tierra del Fuego hasta Formosa, y una vez más, como ya nos tiene acostumbrado la tropa de Messi y compañía, la gente salió a la calle a celebrar.
En la capital, el punto de encuentro fue como siempre la plaza San Martín, pero la verdad es que no importaba por cuál esquina se pasara, había niños/as, jóvenes, adultos, abuelos/as, hasta mascotas haciendo sonar cornetas, y flamear banderas a quienes pasaban, y la respuesta eran bocinazos, sonrisas y más gritos, de esos que nacen del alma y sacan lo mejor de cada uno de nosotros.
Ya en la plaza la cosa se desbordó. Desde dos cuadras antes de la llegada hubo un fuerte operativo de tránsito para evitar la circulación de vehículos, ya que desde la España, José María Uriburu, Sarmiento y Fontana llegaban columnas de formoseños/as a sumarse a la celebración.
Cuatro cuadras de personas conglomeradas en la intersección de 25 de Mayo y Fontana. Todos bajo el grito sagrado de “el que no salta es un inglés”, todos con la sonrisa dibujada, pintada como un cuadro de Quinquela y los colores celestes y blanco invadiendo el paisaje. Desde una abuela con una peluca hasta una niña con una vincha de colores con luces bailando en la calle. Todos eran uno. Y otra vez sonaban los himnos de cancha y la fiesta estaba armada.
Cuando se les preguntaba a cualquiera por qué se ganó, la respuesta era calcada “este equipo tiene muchos huevos”, y es verdad, pero también hubo quien se expresó con un poco más de criterio y destacó “el espíritu competitivo y el ejemplo de superación que dan los muchachos de Scaloni”, porque el mensaje es de unidad, de tirar para un mismo lado, aun en las adversidades, y al menos en el fútbol, o mejor dicho, en este mundial, ese mensaje de Argentina es el que lo depositó en la final del domingo.
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Mi propia visión
A tono personal, y siendo alguien que tiene cinco décadas arriba, debo decir que somos privilegiados de disfrutar de un equipo que nos representa tan bien en el deporte, pero que de alguna manera es también son el reflejo de lo que somos, la mejor parte nuestra, la que forja un país con sacrificio y constancia.
No es una frase hecha, ni demagogia. La felicidad que la selección le brinda, desde hace varios años a los argentinos, es uno de los motivos por los que se sigue (a pesar de todo) y como dije al principio, en un país donde no abundan los motivos para festejar.
Ahora queda un pasito más, será el domingo y esperemos encontrarnos una vez más en el lugar de siempre, por ahora a seguir disfrutando de esto, que no es poco.