Más allá de las pantallas
El auge de los "amigos de IA" y el nuevo desafío para la crianza
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En los últimos años, la preocupación de padres y tutores se centraba en el algoritmo de TikTok o los peligros de los mensajes directos en Instagram. Sin embargo, una nueva frontera silenciosa ha cruzado el umbral del hogar: los compañeros de Inteligencia Artificial. No son buscadores de información; son entidades diseñadas para simular empatía, amistad e incluso intimidad.
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El caso que encendió las alarmas
Recientemente, un reportaje de The Washington Post expuso una realidad escalofriante: una madre, convencida de que un depredador acechaba a su hija a través del teléfono, descubrió que el interlocutor no era humano. Era un chatbot de Character.AI.
A diferencia de un extraño en una red social, estos sistemas están disponibles las 24 horas, no tienen conflictos y dicen exactamente lo que el usuario quiere escuchar. Esta "perfección" es, precisamente, lo que preocupa a los expertos en salud mental.
La radiografía del consumo adolescente
Las estadísticas reflejan que no es una moda pasajera, sino un hábito en formación:
- Uso cotidiano: Según el Pew Research Center, cerca de 3 de cada 10 adolescentes utilizan chatbots a diario.
- Riesgo inaceptable: Common Sense Media, organización referente en tecnología y familia, ha calificado a los "compañeros sociales de IA" como un riesgo inaceptable para menores de 18 años, debido a la falta de madurez para distinguir la simulación de la realidad emocional.
¿Por qué la IA es diferente a una red social?
En una red social, el riesgo suele venir de otros humanos. En los acompañantes de IA, el riesgo es el vínculo mismo.
- Disponibilidad total: La IA no duerme ni se cansa, lo que puede generar una dependencia emocional difícil de romper.
- Espejos digitales: Al no haber fricción ni desacuerdos (característicos de las relaciones humanas reales), el joven puede perder habilidades para gestionar la frustración o el conflicto en el mundo físico.
Guía de acción para familias: Presencia sobre pánico
Ante este panorama, la solución no es la prohibición absoluta —que suele incentivar el uso oculto— sino la alfabetización digital afectiva. Aquí algunos pasos clave:
- Ponerle nombre al fenómeno: Hable con sus hijos sobre la existencia de estas apps. Saber que existen le quita el factor de "secreto" o "refugio místico".
- Indagar sin juzgar: En lugar de prohibir, pregunte: “¿Qué es lo que más te gusta de hablar con ese chat? ¿Sientes que te entiende mejor que una persona?”. Esto le dará pistas sobre necesidades emocionales no cubiertas.
- Establecer "Zonas Libres de IA": El uso nocturno o a puertas cerradas aumenta el riesgo de aislamiento. Fomente el uso de tecnología en espacios comunes.
- Monitoreo colaborativo: Revise las configuraciones de seguridad. Plataformas como Character.AI han comenzado a implementar restricciones para menores desde noviembre pasado, pero la supervisión adulta sigue siendo la última barrera de defensa.
La IA llegó para quedarse, pero la conexión humana sigue siendo el pilar del desarrollo. Nuestro rol como guías es asegurar que la tecnología sea una herramienta para expandir el mundo de nuestros hijos, no un sustituto de la calidez humana.