Crisis del consumo
El comercio pyme en Formosa lucha por mantenerse a flote ante caída real de ventas
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Con diez meses consecutivos de retroceso a nivel nacional, el impacto en la provincia se siente con fuerza en los rubros de construcción y energía. Empresarios locales advierten que la carga impositiva y el parate de la obra pública son los principales obstáculos para la reactivación.
El escenario para las pequeñas y medianas empresas (pymes) en Argentina no da tregua. Según el último relevamiento de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), las ventas minoristas cayeron un 5,6% interanual en febrero, encadenando casi un año de indicadores negativos. En Formosa, esta tendencia se traduce en locales con menos movimiento y clientes que han transformado radicalmente sus hábitos de consumo para sobrevivir a la inflación.
La parálisis no es exclusiva de un solo rubro. Sectores que históricamente dinamizan la economía, como los corralones, ferreterías y materiales eléctricos, hoy enfrentan un “parate importante”. Así lo describió el empresario formoseño Matías Kaller, de la firma Electromar SRL, quien en diálogo con FM Espacios 92.5 trazó un panorama preocupante sobre la actividad privada y el impacto del cese de la obra pública.
“Desde diciembre y enero se nota una caída bastante importante en el mostrador”, explicó Kaller y señaló que la pérdida del poder adquisitivo ha forzado a los hogares a establecer una jerarquía de gastos estricta: la canasta básica se lleva la mayor parte de los ingresos, mientras que las reformas del hogar o el mantenimiento eléctrico han pasado a ser “gastos postergables”.
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Ventas estancadas
Un dato clave que aportó Kaller es la diferencia entre “facturar lo mismo” y “vender lo mismo”. En términos nominales, muchas empresas mantienen cifras similares a las del año pasado, pero en el contexto inflacionario actual, esto representa una caída real.
“Si mantenés los números del año pasado con una inflación mensual persistente, en realidad estás perdiendo terreno mes a mes. No es un estancamiento, es un retroceso en el volumen de mercadería que efectivamente sale del depósito”, advirtió.
Ante la falta de efectivo, el consumidor formoseño se ha volcado masivamente a las herramientas financieras:
-Búsqueda de ofertas: el precio es hoy el único factor determinante de compra.
-Financiación: se observa un incremento sustancial en el uso de tarjetas de crédito, especialmente aquellas que ofrecen cuotas sin interés o promociones bancarias específicas.
-Pagos electrónicos: el uso de billeteras virtuales y transferencias se ha consolidado como la opción preferida para aprovechar reintegros.
Para el comerciante pyme, el problema es doble: caen las ventas pero suben los costos. Kaller fue enfático al señalar que la carga impositiva es hoy “asfixiante” para el sector. A esto se suma el aumento de los combustibles, que encarece la logística y el flete, un costo que inevitablemente presiona sobre el precio final, alimentando el círculo vicioso de la inflación.
Al comparar la situación actual con la crisis sanitaria de 2020, el empresario fue tajante: “En la pandemia el problema era la movilidad; hoy el problema es el bolsillo. La gente puede venir al negocio, pero no tiene con qué comprar”.
De cara al futuro, la esperanza de una recuperación “lenta y gradual” está atada a factores macroeconómicos. Para el sector comercial vinculado a la infraestructura, la reactivación de la obra pública es vista como el motor indispensable para volver a girar la rueda de la economía provincial. “Lo que se busca hoy es mantenerse a flote hasta que llegue la reactivación”, concluyó Kaller.