Estrategia y paisaje
El destino escrito en el río: Por qué Fontana eligió la Vuelta Fermosa
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La Vuelta Formosa es el punto de origen geográfico y simbólico de la identidad de la región. Su historia se remonta mucho antes de la llegada del comandante Jorge Luis Fontana, vinculándose con la era de la exploración colonial en el Río de la Plata y el Paraguay.
Desde el siglo XVI, exploradores y navegantes españoles comenzaron a internarse en la cuenca del Vcomunicación y exploración durante la época colonial. Estos viajes formaban parte del proceso de expansión del Imperio español en territorios que hoy corresponden a Argentina, Paraguay y otras regiones cercanas.
La curva pronunciada del río Paraguay, en la zona donde hoy se asienta la ciudad de Formosa, llamó la atención de los navegantes por la amplitud y calma de sus aguas, la vegetación exuberante del entorno y la forma particular del recodo del río.
Durante siglos, la zona fue territorio habitado por pueblos originarios, con escasa presencia permanente europea. En el siglo XIX, el Estado argentino comenzó a consolidar su presencia en la región mediante fortines, como el Fortín Formoso, en el marco de la organización territorial. Finalmente, en 1879 se fundó oficialmente la ciudad de Formosa, tomando su nombre de esa referencia geográfica e histórica.
Aunque no hay un único “descubridor” registrado con exclusividad, se atribuye el bautismo del lugar a los navegantes españoles que remontaban el río Paraguay hacia Asunción. La Vuelta Fermosa aparece mencionada en cartografía y relatos de viajes de la época de Pedro de Mendoza y Juan de Ayolas (alrededor de 1536-1537). Para ellos, era un punto de referencia náutico crucial antes de llegar a la actual capital paraguaya.
Las primeras menciones a este recodo del río se cree surgen en 1528. Sebastián Gaboto, el primer europeo en remontar el río Paraguay, pudo haber sido quien notó la particularidad de la curva.
Al navegar por el río, los exploradores se encontraban con la curva muy pronunciada y extensa (un meandro). Al doblar esa punta, la vista del paisaje, la vegetación exuberante y la amplitud del río eran tan impactantes que los marinos comenzaron a referirse al sitio como la Vuelta Fermosa, que en castellano antiguo quiere decir Hermosa.
Era el asombro estético de los europeos ante la geografía del Gran Chaco y fue el primer nombre europeo impuesto a esa parte específica del territorio, mucho antes de que existieran asentamientos permanentes, aunque las poblaciones originarias (Qom y Pilagá), quienes ya habitaban la zona, tenían sus propios nombres para el río y la costa. El contacto simbólico europeo fue más bien con el paisaje que con la soberanía efectiva del suelo, que permaneció bajo control indígena por tres siglos más.
La mirada del Comandante
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Cuando el Laudo Hayes obligó a Argentina a entregar Villa Occidental (hoy Villa Hayes, en Paraguay), Luis Jorge Fontana recibió la orden de buscar un sitio para trasladar la capital del Territorio del Gran Chaco y su elección para fundar la ciudad de Formosa (originalmente Villa Formosa) en el recodo del río Paraguay conocido como Vuelta Fermosa no fue casual. Fue una decisión estratégica basada en factores geográficos, militares y logísticos. No fue una elección por azar, sino por las ventajas que los antiguos navegantes ya habían notado.
A diferencia de otros puntos de la ribera que eran bajos y propensos a inundaciones constantes, la Vuelta Fermosa presentaba una barranca alta que era conocida como el altillo y ofrecía beneficios inmediatos:
Protección contra las crecidas: el paredón natural era vital en una región de humedales y zonas anegadizas; y permitía el asentamiento de construcciones sin el riesgo inminente de quedar bajo el agua.
Defensa natural: la altura facilitaba la vigilancia del río y del territorio circundante, una prioridad para un asentamiento que debía consolidar la soberanía argentina en la zona y custodiar las frontera tras la Guerra de la Triple Alianza. Al ser un recodo pronunciado, permitía una visión clara del tráfico fluvial, fundamental para un fortín militar.
El puerto natural: la profundidad del río en esa curva permitía que barcos de gran calado pudieran atracar con facilidad, algo que Fontana comprobó con el vapor Resguardo.
Punto de escala: Se ubicaba en una posición intermedia clave entre Corrientes y Asunción, lo que convertía al sitio en una parada estratégica para el comercio fluvial.
Fontana buscaba un lugar que pudiera sostener la vida de los colonos a largo plazo. En sus exploraciones previas en el vapor El Resguardo, notó que esta zona contaba con vegetación y madera y las tierras eran aptas para la agricultura y el desarrollo de la futura planta urbana.
Al desembarcar, Fontana quedó convencido de que la Vuelta Fermosa era el lugar ideal para “refundar” la presencia institucional argentina en la margen derecha del río Paraguay, combinando la belleza del paisaje con la funcionalidad de un puerto seguro.
Fontana respetó el nombre histórico. En sus diarios y en el acta de fundación, no intentó bautizar el lugar con un nombre nuevo o el de un prócer (como era común), sino que oficializó el nombre que los navegantes del siglo XVI habían dejado en las cartas náuticas: Formosa. Esto le dio a la nueva ciudad una sensación de continuidad histórica, como si el destino del lugar ya hubiera sido marcado desde la colonia.
La Vuelta Formosa del siglo XVI fue un descubrimiento estético y cartográfico; la Formosa de 1879 fue la materialización política de ese descubrimiento. Fontana simplemente confirmó lo que los navegantes españoles habían visto 340 años antes: que ese era el mejor lugar de la región para establecerse.
Lo que comenzó como una simple descripción de navegantes (una vuelta hermosa del río) terminó definiendo el nombre de una Villa, luego de un Territorio Nacional y finalmente de la provincia.
Pocos lugares en Argentina conservan un nombre que date de la época de la conquista de manera tan directa y descriptiva, lo que le otorga a la Vuelta Formosa una carga simbólica de continuidad histórica de casi 500 años.