El "hate" como modelo de negocio: por qué varios influencers apostaron contra Argentina en el Mundial 2026
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Durante el Mundial 2026, un grupo de creadores de contenido de distintos países —mexicanos, brasileños, dominicanos y, sobre todo, el estadounidense Darren "IShowSpeed" Watkins Jr.— construyó parte de su cobertura del torneo alrededor de una postura crítica u hostil hacia la Selección Argentina.
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No hay evidencia de que se tratara de una campaña coordinada o pagada. Lo que sí hay es un patrón de mercado bien documentado en la industria de creadores: la controversia genera más interacción que el consenso, y esa dinámica —más que cualquier afinidad futbolística real— explica por qué a varios les resultó rentable, individualmente, adoptar el mismo rol.
El mapa de las voces "anti-Argentina"
Antes del propio Mundial ya había señales del fenómeno. En mayo, el youtuber mexicano Miguel Bedean ("Mike Máquina del Mal") publicó un video quejándose de cuatro años de festejo argentino desde Qatar 2022, cuestionando a figuras como Emiliano "Dibu" Martínez y pidiéndole "al mundo del fútbol" que hiciera algo para frenar a la Albiceleste. En el mismo período, el brasileño Allan Brazuca declaró abiertamente que la única selección que no quería ver campeona era Argentina. Ya en pleno torneo, Speed profundizó la misma lógica con una serie de gestos cada vez más virales: se puso camisetas de los rivales de Argentina partido tras partido bajo la premisa de que era "mufa", le pidió a Lamine Yamal que le ganara la final a Messi, y terminó celebrando abiertamente el título de España.
No hay pruebas de que estos episodios esten conectados entre sí por un acuerdo, un guión o un pago común. Lo que comparten es el timing: todos coinciden con el período de mayor audiencia global del fútbol, cuando cualquier contenido vinculado al Mundial —a favor o en contra de cualquier selección— tiene un techo de alcance mucho más alto que en tiempos normales.
La hinchada más pasional y una industria que sabe que el “hate” paga
El patrón que vivimos no surge en el vacío. Coincidió con un cambio estructural en cómo el fútbol se cubre digitalmente: FIFA y TikTok formalizaron para este Mundial un programa oficial de "Creadores Corresponsales", que acreditó a 30 influencers de entre 11 y 12 países —incluidos dos argentinos, Ezzequiel y Fede Racchi— con acceso a estadios, entrenamientos y conferencias de prensa, el mismo trato que tradicionalmente recibía la prensa acreditada. TikTok justificó la apuesta con un dato de escala: durante el Mundial anterior se publicaron más de 430.000 videos relacionados con la competencia, con miles de millones de reproducciones asociadas. Speed, por su parte, llegó con un acuerdo aparte y sin precedentes con FIFA, Fox Sports y YouTube que lo convirtió en el primer creador de contenido con derechos oficiales para transmitir partidos en simultáneo con la señal oficial, incluyendo semifinales y la final.
Es decir: las instituciones del fútbol ya decidieron, antes de que arrancara el torneo, que la forma más eficiente de llegar a audiencias jóvenes era a través de creadores individuales compitiendo por atención, no de canales oficiales neutros. Esa arquitectura —competencia abierta por clics, likes y minutos de reproducción entre decenas de personalidades digitales— es exactamente el terreno donde la controversia funciona mejor que la cobertura neutral.
De todos los casos, Speed es el único sobre el que existen estimaciones económicas públicas suficientemente detalladas como para intentar una lectura cuantitativa, aunque con límites importantes.
- Ingresos generales, no desagregados por tema. Firmas de analítica de influencers como HypeAuditor estiman sus ganancias mensuales de YouTube —solo por publicidad— entre 45.000 y 61.000 dólares en junio de 2026. Sumando patrocinios, música y merchandising, otras estimaciones ubican su ingreso mensual muy por encima del millón de dólares durante períodos de alta actividad, como giras internacionales o el propio Mundial. Su patrimonio neto se calcula entre 10 y 30 millones de dólares según la fuente.
- El contrato con FIFA como base fija, independiente del contenido puntual. El acuerdo con FIFA, Fox y YouTube cubrió todo el ciclo del torneo —fase de grupos, cada instancia eliminatoria y la final— y culminó con su actuación en la ceremonia de clausura. Ese ingreso no depende de si su contenido de un partido específico fue simpático o antipático hacia Argentina: es un pago por cobertura, previamente pactado.
- Lo que sí se puede inferir indirectamente. Cada episodio de fricción con hinchas argentinos —la remera "mufa", el pedido a Yamal, los cruces en la tribuna— generó oleadas propias de contenido secundario: videos de reacción de otros canales, cobertura de medios deportivos en español, memes y respuestas masivas de usuarios argentinos. Esa amplificación gratuita (contenido de terceros que reproduce y comenta el contenido original) es exactamente el mecanismo por el que la controversia "monetiza" en la economía de creadores: no hace falta que la marca o la plataforma paguen extra por ella, el propio ecosistema la empuja.
- El límite real de esta lectura. No existe ninguna fuente pública —ni de FIFA, ni de YouTube, ni de firmas de analítica— que separe "cuánto ganó Speed específicamente por contenido antiargentino" de sus ingresos generales del Mundial. Cualquier cifra que pretenda aislar ese componente sería una estimación no verificable. Lo que sí es constatable es la correlación entre los picos de controversia con Argentina y los picos de conversación sobre Speed en medios y redes, lo cual —dado que su modelo de ingresos depende directamente de views, engagement y visibilidad de marca— sugiere un incentivo económico real, aunque no cuantificado con precisión.
La diferencia no es solo semántica. Decir que hubo una "campaña" sugiere planificación centralizada, coordinación entre actores y objetivos compartidos —algo que ningún dato disponible respalda—. Decir que hubo una tendencia rentable describe mejor lo que efectivamente ocurrió: distintos creadores, sin relación entre sí, identificaron —cada uno por su cuenta, ya sea por afinidad futbolística genuina (el caso más claro es la rivalidad de Speed con el círculo de Messi por su fanatismo declarado hacia Cristiano Ronaldo) o por simple lectura del algoritmo— que posicionarse en contra del equipo más popular, más mediático y con una hinchada conocida por su pasión extrema generaba más interacción que sumarse al consenso mayoritario. Es la misma lógica que explica por qué en cualquier plataforma el contenido de "hot takes" contra el favorito del momento suele superar en alcance al contenido celebratorio: no requiere organización, solo que suficientes actores individuales respondan al mismo incentivo.