Su familia destacó la excelencia del sistema público
El milagro de Fabricio: tras debatirse entre la vida y la muerte, recibió el alta
:format(webp):quality(40)/https://diarioformosa.eleco.com.ar/media/2026/02/08_7.jpeg)
Héctor Caballero, padre del joven víctima de un grave siniestro vial, celebró la recuperación de su hijo. Remarcó la “total excelencia” del Hospital Interdistrital Evita y llamó a la conciencia social tras vivir días de profunda incertidumbre.
Recibí las noticias en tu email
Lo que comenzó como una noche trágica el pasado jueves, se transformó ayer en un mensaje de esperanza y gratitud. Fabricio, el joven que resultó gravemente herido en un siniestro vial provocado por una imprudencia, recibió el alta médica, marcando el fin de una etapa crítica y el inicio de una recuperación que su familia define como “el regreso de un soldado”.
Héctor Caballero, padre de Fabricio y pastor de una congregación local, relató el duro camino recorrido desde el momento del impacto hasta la salida del hospital, poniendo especial énfasis en la respuesta inmediata y profesional del sistema de salud de Formosa.
El accidente ocurrió el jueves por la noche, cuando Fabricio circulaba como acompañante en una motocicleta conducida por un amigo -quien contaba con toda la documentación en regla-. Según detalló Caballero, fueron embestidos por otro joven que realizaba maniobras peligrosas (wheelie), impacto que dejó a Fabricio inconsciente en el acto y con múltiples traumatismos.
Debido a la gravedad de su cuadro, el joven fue protagonista de una derivación en red que demuestra la operatividad del sistema:
-Hospital Distrital N.o 8: estabilización inicial por cercanía.
-Hospital Central: atención de urgencia por la complejidad de las heridas.
-Hospital Interdistrital Evita: derivación final el viernes por la tarde para cuidados intensivos y estudios de alta complejidad.
Al ingresar al Hospital Evita, el diagnóstico era reservado. Con un traumatismo de cráneo severo, fisuras en los pies y el maxilar comprometido, Fabricio fue trasladado directamente a la Unidad de Terapia Intensiva.
“Fue una transición muy dura. Los profesionales nos dijeron que debíamos esperar 72 horas clave debido a la importante inflamación craneal. Se debatía entre la vida y la muerte”, recordó Héctor, visiblemente emocionado.
“En ese hospital –agregó- que es completo y moderno, le hicieron todos los estudios. El parte médico diario era nuestro único sostén en medio del dolor y la angustia”.
Más allá de la infraestructura, Caballero destacó el factor humano: “Hablamos de una total excelencia. Desde los médicos hasta los enfermeros, todos actuaron desde la vocación y con mucha empatía. No hay bandera política detrás de esto; somos gente común, trabajadores y pastores que hoy agradecemos haber tenido esta asistencia”.
También agradeció el “abrazo de la sociedad” y el apoyo de su comunidad religiosa, factores que, junto a la atención médica, mantuvieron a la familia de pie.
El camino hacia la rehabilitación
Aunque el alta es un paso gigante, el proceso de recuperación de Fabricio será extenso. El joven deberá enfrentar cirugías futuras para la colocación de platino por la rotura de cráneo; tratamiento maxilar para la corrección del desplazamiento óseo provocado por el golpe y recuperación nutricional tras haber perdido mucho peso durante su internación.
“Él es nuestro soldado, un ejemplo de vida”, afirmó su padre, quien cerró con un pedido de reflexión para toda la comunidad: “Todo esto se podía haber evitado. Es necesario tomar conciencia sobre la responsabilidad al conducir”.
La historia de Fabricio queda registrada como un testimonio del funcionamiento de la salud pública y de la resiliencia de una familia que, a través de la fe y la ciencia, hoy puede contar una historia de vida.