El obispo Conejero Gallego invitó a renovar la fe y rezar por la visita del papa León XIV
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Durante su homilía, el obispo enmarcó su reflexión en el último domingo de octubre, mes dedicado especialmente a las misiones y al Santo Rosario, y recordó la importancia de profundizar la fe a través de la oración personal, familiar y comunitaria.
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En la misa de las 8 de ayer, celebrada en la Iglesia Catedral de Formosa, el obispo José Vicente Conejero Gallego convocó a los fieles a renovar su compromiso con el mandamiento del amor, la misericordia y el servicio al prójimo, en un contexto social marcado, según expresó, por la violencia, los insultos y las confrontaciones.
El obispo invitó a la comunidad a prepararse espiritualmente para la próxima visita del papa León XIV y a acompañar ese acontecimiento con una oración compartida. Al mencionar el viaje previsto del pontífice, convocó a pedir que su presencia renueve la fe, la esperanza y la caridad, tanto en la vida personal como en la comunitaria.
También hizo referencia a la oración preparada por integrantes de la Conferencia Episcopal Argentina para acompañar la visita papal, destacando la importancia de construir un país en el que la persona ocupe el centro de las preocupaciones y las decisiones. En ese sentido, llamó a pedir por una Argentina hospitalaria, en la que prevalezcan el diálogo, la verdad, la fraternidad y el amor.
Encomendó esta intención a la Virgen de Luján, patrona de la Argentina, para que interceda por el pueblo y ayude a construir una sociedad más fraterna, en la que el respeto, la misericordia y la solidaridad se traduzcan en gestos concretos de cada día.
Durante su homilía, el obispo enmarcó su reflexión en el último domingo de octubre, mes dedicado especialmente a las misiones y al Santo Rosario, y recordó la importancia de profundizar la fe a través de la oración personal, familiar y comunitaria.
Al referirse a las lecturas del trigésimo domingo del tiempo ordinario, subrayó que Dios es compasivo y misericordioso, especialmente con quienes sufren, y sostuvo que los cristianos están llamados a reflejar esas cualidades en su vida cotidiana.
“Si queremos ser verdaderamente buenos discípulos del Señor, hemos de procurar parecernos a Él. Nunca tener sentimientos de odio, de violencia o de revancha”, expresó. En esa línea, recordó la enseñanza de Jesús de amar y rezar incluso por los enemigos y por quienes persiguen a los demás.
Para ilustrar ese mensaje, recurrió al ejemplo de los padres y las madres que, movidos por el amor hacia sus hijos, buscan corregirlos y acompañarlos aun cuando se equivocan. De la misma manera, señaló, Dios invita a sus hijos a vivir con un corazón comprensivo, paciente y misericordioso.
Conejero Gallego destacó que el amor a Dios y al prójimo constituye el centro del mensaje cristiano y la base sobre la cual deben orientarse las acciones y decisiones de los creyentes.
En ese sentido, sostuvo que la fe debe expresarse de manera coherente en las actitudes y los comportamientos cotidianos, y no limitarse a las palabras o las prácticas religiosas.
El obispo también retomó el ejemplo de las primeras comunidades cristianas, al recordar el mensaje de san Pablo a los tesalonicenses y destacar la importancia de recibir la palabra de Dios y convertirse, a través del testimonio personal, en ejemplo para los demás.
Al trasladar esa enseñanza a la realidad actual, manifestó su preocupación por las expresiones de violencia, los insultos y las disputas que se reproducen en las redes sociales y en distintos espacios de la sociedad.
Frente a ese escenario, consideró necesario recuperar el mandamiento del amor como camino para superar las divisiones y reconstruir los vínculos entre las personas.
Durante la celebración, el obispo también compartió parte de su recorrido pastoral por distintas comunidades de la provincia, donde viene administrando el sacramento de la confirmación a adolescentes, jóvenes y adultos.
Entre las experiencias recientes, mencionó la celebración realizada en la colonia Loma Zapatú, perteneciente a la parroquia Inmaculada Concepción de El Espinillo, donde siete residentes mayores del hogar San Francisco recibieron el sacramento. Algunos de ellos tenían hasta 90 años.
Asimismo, nombró a comunidades y localidades como Portón Negro, Apayeray, Misión Tacaaglé y General Belgrano, donde continúa desarrollando estas celebraciones.