El fin del bipartidismo en los organismos de control
El Senado define el nuevo tablero de la AGN
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Con la mirada puesta en el control de los gastos del Estado, el Senado define los nombres para la AGN: Santiago Viola, Javier Fernández y Luis Naidenoff aparecen como los favoritos. El organismo, presidido por Juan Manuel Olmos, busca normalizarse tras años de parálisis y expedientes acumulados.
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En el marco del inicio del período de sesiones extraordinarias de febrero de 2026, el Gobierno nacional, en sintonía con las autoridades del Senado, se encamina a cerrar uno de los capítulos más demorados de la arquitectura institucional: la integración de la Auditoría General de la Nación (AGN).
Bajo la lógica del 1-1-1, la Casa Rosada asume que el nuevo mapa político del país ya no admite el viejo esquema de reparto entre dos fuerzas. Ahora, el oficialismo de La Libertad Avanza (LLA) deberá convivir en el órgano de control con el kirchnerismo y la Unión Cívica Radical (UCR).
A diferencia de décadas pasadas donde el peronismo y el radicalismo se repartían los sillones, la fragmentación del Congreso obliga a una distribución tripartita. En el Senado, los tres lugares en disputa tendrían ya una hoja de ruta definida:
• El lugar para el kirchnerismo: tras la validación de los gobernadores justicialistas, el nombre de Javier Fernández resuena con fuerza para renovar su presencia, consolidando el peso de la oposición dura en el organismo.
• El lugar para el oficialismo: en la línea de flotación libertaria aparece Santiago Viola. El apoderado de LLA cuenta con la confianza directa de Karina Milei, aunque en el entorno de la Casa Rosada no descartan un tapado de último momento para evitar desgastes previos.
• El lugar para la UCR: el ex senador Luis Naidenoff aparece como el mejor posicionado, aunque enfrenta resistencias internas de sectores que reclaman una renovación generacional en un partido que aún procesa sus crisis internas.
La herencia de Olmos
y el rol de Pichetto
Actualmente, la AGN es presidida por Juan Manuel Olmos, figura central del peronismo porteño, quien ha logrado mantener la institucionalidad del organismo en un período de extrema parálisis legislativa.
Sin embargo, el verdadero motor del control externo en 2025 fue la Comisión Bicameral Mixta Revisora de Cuentas, liderada por Miguel Pichetto. El rionegrino logró destrabar años de desidia administrativa: se dictaminaron las cuentas de inversión 2017 a 2020, revisando las gestiones tanto de Mauricio Macri como de Alberto Fernández y se agilizaron más de 550 expedientes que dormían en los cajones del Congreso, marcando un estándar de productividad que la nueva integración de la AGN deberá sostener.
Febrero, mes clave
La resolución de las vacantes en la AGN no es un hecho aislado. Está intrínsecamente ligada a la agenda de sesiones extraordinarias que comenzarán el 2 de febrero.
La estrategia del Gobierno, coordinada en el Senado por una línea directa con Patricia Bullrich y el Ejecutivo, es clara: la integración de la AGN será la moneda de cambio (o el lubricante político) para avanzar con la reforma laboral.
“En base a cómo se muevan los aliados frente a la reforma, caminará o no la resolución de la AGN”, admiten fuentes parlamentarias.
Más allá de los nombres, la importancia de la AGN radica en sus facultades:
• Control de los fondos públicos: es el único ente que audita los gastos del Estado una vez realizados.
• Caja y contratos: el cargo de auditor dura ocho años, lo que garantiza estabilidad política mucho más allá del mandato presidencial actual.
• Seguimiento de privatizaciones: en un 2026 donde el Gobierno insiste con la venta de activos estatales, la lupa de la AGN será el principal escollo o aval técnico para dichos procesos.
El nombre del radicalismo para un sillón estratégico
En el complejo ajedrez que se juega en el Senado, el nombre de Luis Naidenoff no es uno más. El exsenador por Formosa y referente histórico del radicalismo en la Cámara Alta aparece como el candidato natural para ocupar la vacante que le corresponde a la Unión Cívica Radical (UCR) en la Auditoría General de la Nación. Sin embargo, su postulación no está exenta de matices y disputas de poder.
Naidenoff cuenta con una ventaja comparativa: conoce el Senado como pocos. Fue presidente del bloque de la UCR y del interbloque de Juntos por el Cambio durante años, lo que le otorga una gimnasia parlamentaria y una red de contactos que incluye tanto a oficialistas como a opositores. Su perfil es el de un “negociador de pura cepa”, algo que el radicalismo considera vital para un organismo de control que debe lidiar con la lupa sobre los gastos del Ejecutivo.
Para Naidenoff, el desembarco en la AGN significaría un regreso a la primera línea de la política institucional tras haber dejado su banca en diciembre de 2023. El cargo de auditor no es menor: tiene una duración de ocho años, lo que le permitiría trascender incluso el mandato de Javier Milei; el organismo cuenta con una estructura propia, presupuesto para asesores y un sueldo equiparable al de los jueces de la Corte Suprema o legisladores nacionales. Desde allí, tendría la facultad de auditar de cerca las cuentas de la actual gestión y las anteriores, manteniendo vigencia política.
A pesar de su peso, la candidatura de Naidenoff enfrenta desafíos internos dentro del centenario partido:
• El reclamo de las caras nuevas: sectores del radicalismo, especialmente los vinculados a la renovación generacional, critican lo que percibven como una eternización de los mismos nombres en cargos clave. Señalan que la fuerza necesita oxigenarse con perfiles técnicos y jóvenes en lugar de utilizar la AGN como un seguro de retiro para dirigentes históricos.
• La interna radical: su nombre debe pasar el filtro de los diferentes sectores (desde el bloque que responde a Martín Lousteau hasta los gobernadores radicales). En este sentido, Naidenoff es visto como un hombre más cercano al sector dialoguista o territorial, lo que genera fricciones con el ala más crítica del partido frente al gobierno de LLA.
Para la política local de Formosa, que Naidenoff ocupe un lugar en la AGN también tiene una lectura federal. Al ser un dirigente de la provincia, su llegada a un organismo nacional de control le daría a la oposición formoseña una visibilidad y un respaldo institucional importante en Buenos Aires, algo que siempre ha sido parte de su estrategia política.
El Gobierno sabe que, para aprobar la reforma laboral y otros proyectos de ley, necesita los votos del bloque radical en el Senado. Ofrecer el aval para que Naidenoff llegue a la AGN es visto por muchos analistas como una prenda de paz que facilitaría el diálogo legislativo entre la Casa Rosada y el radicalismo territorial.