Los cortes bubalinos ganan terreno por precio y cualidades nutricionales
En el NEA, la carne de búfalo se venden entre un 15 y un 40% más barata que la vacuna
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Mientras el consumo de carne vacuna atraviesa uno de los momentos más críticos de las últimas décadas, la carne de búfalo comienza a consolidarse como una alternativa cada vez más atractiva para los consumidores argentinos. Su menor precio, sumado a sus cualidades nutricionales y al crecimiento sostenido de la producción regional, la posicionan como una opción con fuerte potencial de expansión.
Desde la Defensoría del Pueblo de la provincia señalaron que, desde la asunción del presidente Javier Milei, los precios de la carne vacuna acumularon incrementos que oscilan entre el 260% y el 330%, dependiendo del corte y del canal de comercialización. En términos interanuales, las subas promedian entre un 55% y un 61%, superando ampliamente la evolución general de los precios y afectando de manera directa el poder adquisitivo de las familias.
En este contexto, la carne de búfalo aparece como una alternativa competitiva. Actualmente, en las provincias del Nordeste Argentino los distintos cortes se comercializan entre un 15% y un 40% por debajo de los valores de la carne vacuna, permitiendo a muchos consumidores acceder a una proteína de calidad a un costo significativamente menor.
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Ventajas nutricionales
Además de su precio, la carne bubalina presenta características nutricionales que despiertan cada vez más interés entre especialistas y consumidores. Estudios realizados por el INTA indican que contiene un 45% menos de calorías que la carne vacuna, un 88% menos de grasa total, un 90% menos de grasas saturadas y un 47% menos de colesterol.
A su vez, aporta un 11% más de proteínas, un 50% más de hierro y un 17% más de vitamina B12, convirtiéndola en una alternativa especialmente valorada por personas que buscan una alimentación más saludable o que deben controlar sus niveles de colesterol.
Desde el sector productivo aclaran que el objetivo no es reemplazar a la carne vacuna, profundamente arraigada en la cultura alimentaria argentina, sino generar un mercado complementario que amplíe las opciones de consumo. En ese sentido, las expectativas son alcanzar entre el 5% y el 7% del consumo nacional de proteínas animales durante la próxima década.
Otra de las fortalezas del búfalo reside en su capacidad para desarrollarse en ambientes donde el ganado bovino presenta limitaciones productivas. Estos animales pueden alimentarse en campos bajos e inundables, aprovechando recursos forrajeros que normalmente no son utilizados por la ganadería tradicional.
La región concentra casi el 90 por ciento del rodeo nacional
La actividad bubalina mantiene una expansión sostenida en la Argentina. Actualmente se faenan entre 50.000 y 60.000 cabezas por año, mientras que el rodeo nacional supera las 200.000 cabezas distribuidas en 20 provincias.
El Nordeste argentino concentra el 86% del stock nacional. Corrientes lidera ampliamente la actividad con entre el 45% y el 47% de las existencias, seguida por Formosa con el 22% y Chaco con el 15%, consolidando a la región como el principal polo productor del país.
A nivel internacional, la carne de búfalo forma parte habitual de la dieta en países como Brasil, Venezuela, Egipto e India. Argentina, por su parte, dispone de una cuota especial de exportación para este producto dentro de la denominada Cuota Hilton, aunque actualmente no logra completar los volúmenes asignados, lo que evidencia un importante potencial de crecimiento todavía subaprovechado.
El avance de nuevas alternativas proteicas se produce en un contexto de fuerte retracción del consumo de carne vacuna. Según datos de la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA), el consumo per cápita descendió en mayo a 47,5 kilogramos por habitante al año, el nivel más bajo de los últimos veinte años.
La cifra representa una caída del 6,1% respecto del mismo período del año anterior y una reducción de 3,1 kilogramos por habitante frente a mayo de 2025.
Durante los primeros cinco meses del año, el consumo aparente totalizó 855.750 toneladas res con hueso, lo que implica una disminución interanual del 11,1%. En términos absolutos, el mercado interno consumió más de 106.000 toneladas menos que en igual período del año pasado.
Las entidades del sector atribuyen esta retracción principalmente a la pérdida del poder adquisitivo de los hogares. Mientras la inflación interanual alcanzó el 33,2%, el precio de la carne vacuna aumentó cerca del 58%, ampliando la brecha entre ingresos y capacidad de consumo.
Como consecuencia, otras proteínas ganan participación en la mesa de los argentinos. Actualmente, con el valor de un kilogramo de asado pueden adquirirse 3,8 kilogramos de pollo o poco más de dos kilogramos de pechito de cerdo, relaciones que se han ampliado significativamente durante el último año y que reflejan el cambio de hábitos impulsado por la búsqueda de opciones más accesibles.