El arte sin red
La alquimia de lo real: Kevin Johansen & Liniers, un viaje entre el trazo y la canción
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Una guitarra suena. Al lado, un dibujo nace en tiempo real. Las canciones se vuelven imágenes y las imágenes, relatos. Desde hace más de una década y media, Kevin Johansen y Liniers han construido un tercer lenguaje: uno donde los acordes de la guitarra acústica y los trazos de los pinceles sobre el papel se entrelazan para contar una misma historia. No es solo un recital, ni tampoco una sesión de dibujo en vivo; es una declaración de principios a favor de lo humano, de lo imperfecto y de la sorpresa. En tiempos donde una canción puede ser generada por inteligencia artificial y un dibujo replicado hasta el infinito, ellos apuestan a lo contrario: el error, el trazo imperfecto y la guitarra sin filtros. Un refugio artesanal en una era dominada por la frialdad del algoritmo.
Kevin Andrew Johansen, cantante y compositor argentino—estadounidense, que mezcla la música popular del país y América con el rock alternativo y el pop estadounidense, fusionándolos en un estilo que él mismo ha llamado desgenerado, y Ricardo Liniers Siri, historietista, ilustrador, pintor y editor conocido por ser el autor de Macanudo, llegan a Formosa y se presentarán
el 23 de abril en el centro cultural La Mandinga. Antes de su desembarco, Día Seis tomó contacto con los artistas para conocer más de ese territorio compartido donde el arte sucede sin red. Reflexionan sobre la mística de sus 15 años de sociedad, el valor de lo humano en el arte, el vínculo entre música e ilustración y esa experiencia irrepetible que sólo ocurre en vivo.
—Kevin, en el disco Sur o no Sur, Formosa aparece en una canción como una promesa improbable: una casa para Daisy en medio de una milonga. Años después, esa geografía imaginada se vuelve real. ¿Fue una rima o hay un recuerdo real detrás de ese refugio imaginario?
—KEVIN JOHANSEN: Bueno, respecto a esa frase, habría que preguntarle al que hizo ese gran monólogo improvisado, el actor Damián Dreizick. Quedó así la impronta porque la idea era una milonguita criolla en base a una persona trans, con empatía absoluta, algo que sigue muy vigente en la canción. El detalle de la casa en Formosa es absoluta casualidad y una ocurrencia risueña de Dreizick... capaz que tiene parientes, capaz hay alguna conexión. Nada es casual, y yo sé que uno de los primeros lugares al que yo llegué con mi música fue, justamente, Formosa.
—Hace más de 15 años que trabajan juntos. ¿Qué aprendieron del lenguaje del otro?
—K.J.: Yo creo que aprendimos, tanto Liniers como yo, con la fluidez de la amistad, de la complicidad, y también saber el lugar de cada uno naturalmente, ¿no? Fue algo gradual, él empezó haciendo un mural de espaldas, afiches, tapas de discos... hasta el formato actual. Y la verdad, creo que el crecimiento fue muy a la par de, en mi caso, de entender que la parte visual tenía una atracción innegable y que yo pasaba visualmente a un segundo plano, lo cual me encanta personalmente.
—LINIERS: Lo que más aprendí de Kevin es el escenario, cómo soy yo en un escenario, cómo trabajar con esa adrenalina, con ese tiempo acotado, con gente mirándome. Yo nunca me hubiera subido a un escenario por mi cuenta si Kevin no me hubiese invitado a subirme. Ahora incluso, cuando hago cosas solo, muchas veces invito a amigos. Necesito esa complicidad, un amigo que esté ahí para cuando yo empiezo a despistar. Y sobre la conexión entre el pincel y la guitarra, supongo que más allá de las lecturas freudianas que se les puede hacer a los dos, supongo que las guitarras a veces pintan colores y los pinceles ritmos.
—Llegan con Desde que te Madrid, un registro en vivo. ¿Qué tiene el vivo que sigue siendo irreemplazable incluso hoy?
—K.J.: La grabación en vivo fue una cosa lógica, terminar una gira justo en Madrid, donde tenemos amigos y colegas, como Drexler, o como Las Migas, que habían participado también en el disco anterior de estudio, Quiero Mejor. Así que fue como una cosa natural y orgánica. Fue nuestro primer disco en vivo así: yo solo con mis guitarras y él solo con sus pinceles, haciendo historietas en cada canción del disco, fue un plus absoluto.
—L: El vivo tiene algo cada vez más valioso: humanidad. No hay muchas computadoras entre nosotros y lo que hacemos. La guitarra de Kevin es acústica, no usa autotune; yo pinto con acrílicos y pasteles. Es como como que volvemos a esa base, ahora que está todo tan con inteligencia artificial metido por todos lados, y ya no sabemos qué es lo que vemos, qué es real o no. Un show en vivo es cien por ciento real; lo que pasa, pasa ahí, pasa esa noche, si estás ahí compartiste esa experiencia, y la gente agradece eso.
—El libro Es nuestra forma de comunicarnos pone en palabras y en imágenes el vínculo creativo que los une. ¿Qué pudieron decir ahí que arriba del escenario no aparece?
—K.J: El libro es nuestra forma de comunicarnos. De alguna manera, ilustra el disco en un formato como de single; están todos los temas del disco en vivo, cada canción tiene su historieta. Es como otra forma de escuchar ese material.
—L: El libro surgió un poco cuando surgió el disco, lo que yo hacía en el escenario no se escuchaba, entonces le dije a Kevin que le iba a llenar el disco de dibujos. Así que dibujé todas las canciones que cantó en ese recital en Madrid, en el disco entraron algunas, en el CD entraron un poco más, pero en el libro pusimos todas. Para la gente que no tenga un tocadiscos o un CD y quiera tener las canciones en su casa, están en el libro; es un libro imposible de leer sin cantar en tu cabeza las canciones. Incluso en silencio, tiene música.
—En esta era de algoritmos e Inteligencia Artificial, ustedes proponen algo radicalmente artesanal. ¿El “error” en vivo (el pifie o la mancha) es hoy la última frontera de lo que nos hace verdaderamente humanos?
—K.J.: Los errores siempre están. Están en el estudio, están en cualquier taller de arte, y muchas veces los accidentes, como decía Robert Altman, el famoso director, son las mejores partes, o eran las mejores partes de su película. A veces, uno escucha grabaciones de los Beatles y hay pifies. Imagínense qué nos queda a los demás.
—L: Yo estoy muy a favor del error, de pintar por afuera de la raya. Cuando Kevin se olvida de alguna canción, en algún momento la gente se pone feliz. Cuando uno busca una obra de arte, no creo que busquemos la perfección, si no todos estaríamos mirando Capilla Sixtina y escuchando Beethoven. Uno busca humanidad en el arte, una experiencia humana, y entonces escuchamos a Los Ramones y leemos historietas y un montón de cosas en donde nos interesa más la persona que está atrás de esa obra. La música de Charly García sin Charly García, no sé si es interesante. Ahora con la inteligencia artificial podemos hacer que Charly cante canciones de Radiohead, ¿quién quiere eso? Yo estoy feliz con que Charly cante las de Charly y Thom Yorke las de Radiohead. Entonces, creo que lo que buscamos es humanidad en el arte. Por un tiempito la inteligencia artificial es como un truco de fiesta, que te dicen mirá hicieron Volver al futuro 4 con IA, nos acostumbramos rápido porque es estética pero berreta y la berretada está marcada por la falta de humanidad, nos parece como una especie de fotocopia del arte, y no nos gusta la fotocopia, nos gusta el arte, como decía el gran Juancito: me gusta el arte.
—Viajan por el mundo construyendo pequeños mundos en cada escenario. Cuando las luces se apagan y guardan los pinceles y la guitarra... ¿qué es eso que no cabe en ninguna valija, que no se puede editar en un libro ni grabar en un disco, y que es lo único que les confirma que el viaje sigue valiendo la pena?
—KJ: Hay una famosa frase de Tom Waits que decía “ir de gira no es viajar”. Como que ir de gira no es hacer turismo, porque a veces estás un día en cada lugar y a través de la gente que se te acerca, los que te reciben, que suelen estar en el área de la Cultura, te recomiendan un museo, un lugar rico para comer, un lugar lindo para pasear. Y, entonces, termina siendo un poco como como decía el gran Rubén Albarrán, de Café Tacuba: “Nos invitan a lugares lindos, comemos rico, nos tratan bien, ¡qué más queremos!”. Un poco es eso, ¿no? El destino de viajar es conocer los lugares a través de la gente.
—L: Creo que tanto Kevin como yo tenemos como medio alma de Marco Polo. Kevin seguramente por su infancia tan trashumante que iba de ciudad en ciudad y de país en país, y yo por la falta de eso, por vivir en Buenos Aires y sentir que quería ver el resto del mundo. Así que claramente los dos disfrutamos mucho viajar, y más uno viaja más se encuentran similitudes entre todos nosotros. Todos ganamos y perdemos de la misma manera. Nos enamoramos, votamos por políticos corruptos, nos gusta comer torta y que alguna película esté bien hecha. Somos todos muy muy parecidos y me parece que es sano eso, que las xenofobias y las sensaciones de que el tipo que piensa un poquito diferente en algo político o en una idea económica no es el fin del mundo o que es de otro equipo de fútbol. Los últimos mundiales cada vez más me pongo contento porque gana algún equipo donde tengo amigos, México, Costa Rica, Brasil —salvo que nos ganen a nosotros—. Pero si juega Brasil contra Hungría, no conozco a nadie en Hungría así que querría que gane Brasil. Me parece que hace bien viajar si uno tiene la suerte de poder hacerlo. Es algo que es caro a veces, a veces no es tan caro. Ponerse una mochila, comprarse unos buenos zapatos y salir a caminar hasta donde se llegue, siempre va a ser bien. Se trata de personas el planeta, así que mientras más personas juntemos y más diferentes seamos, sean esas personas más parecidas nos vamos a encontrar.
Un show donde todo sucede en presente
En escena, no hay red. Una guitarra, un escritorio, hojas en blanco. Canciones que se transforman en dibujos y dibujos que acompañan la música en tiempo real. Este 23 de abril, la “casa en Formosa” abre sus puertas para recibir una alquimia que, después de 15 años, sigue siendo tan fresca como el primer dibujo. En tiempos de algoritmos, Kevin Johansen y Ricardo Liniers Siri proponen algo simple y, a la vez, radical: estar ahí. Porque, como dicen, lo más valioso —todavía— no se puede editar, ni replicar, ni automatizar. Una cita imperdible para quienes todavía creen que el arte, con todos sus pifies y manchas, es lo único que nos salva de la fotocopia.