LOS COSTOS FIJOS QUE SUPERAN LOS 5 MILLONES DE PESOS MENSUALES
La Catedral de Formosa busca el apoyo de la comunidad para mantenerse en pie
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Más allá de los gastos operativos, la mayor preocupación del Consejo es el deterioro edilicio. Paulina señaló que el presupuesto actual no permite prever reparaciones profundas. “Cualquiera que entra al templo nota el deterioro. Las chapas de los techos son de 1940 o 1950; por más buenas que hayan sido, ya cumplieron su ciclo”, advirtió la contadora Paulina.
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La contadora Eli Paulina, referente del Consejo de Asuntos Económicos de la Parroquia Nuestra Señora del Carmen, detalló la delicada situación financiera que atraviesa el templo mayor de la provincia. Con costos fijos que superan los 5 millones de pesos mensuales y techos que datan de 1940, apelan al “sentido de pertenencia” de los formoseños.
La Iglesia Catedral de Formosa no es solo el corazón espiritual de la ciudad; es un Monumento Histórico, un refugio de la historia donde descansan los restos del fundador, el Comandante Luis Jorge Fontana, y una parada obligatoria para turistas de todo el mundo. Sin embargo, detrás de su imponente fachada, la realidad económica es una lucha diaria contra los números y el paso del tiempo.
Paulina, cabeza del Consejo de Asuntos Económicos, brindó detalles crudos sobre lo que cuesta mantener abierta la parroquia. “Llegamos con lo justo, siempre decimos que Dios provee el pan de cada día, pero los compromisos son ineludibles”, explicó.
Actualmente, los gastos corrientes de la Catedral ascienden a aproximadamente $5.300.000 mensuales. De esa cifra, la mayor parte se destina a sueldos y cargas sociales del personal (alrededor de $4.800.000), asegurando que todos los trabajadores estén debidamente registrados. A esto se suma una factura de luz que ronda los $500.000, un costo elevado debido a las dimensiones del edificio.
Un edificio que “pide auxilio”
Más allá de los gastos operativos, la mayor preocupación del Consejo es el deterioro edilicio. Paulina señaló que el presupuesto actual no permite prever reparaciones profundas. “Cualquiera que entra al templo nota el deterioro. Las chapas de los techos son de 1940 o 1950; por más buenas que hayan sido, ya cumplieron su ciclo”, advirtió.
La situación es crítica en áreas como el Salón Alegría y la cúpula. “Cambiar las canaletas no alcanza si las chapas están rotas. El año pasado, durante una venta de locro, el salón se inundó y era un peligro para la gente”, recordó la contadora. El trabajo en la cúpula representa un desafío adicional por la altura, requiriendo personal especializado, andamios de ocho cuerpos y seguros de riesgo específicos, lo que encarece cualquier intento de mejora.