La comunidad de San Cayetano celebra 70 años de historia y recibió una reliquia del Santo
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La Capilla San Cayetano, del barrio La Floresta, conmemora siete décadas de presencia y devoción. Su historia está marcada por el esfuerzo de los primeros vecinos, las inundaciones, la reconstrucción del templo, el trabajo solidario y, recientemente, la llegada desde Roma de una reliquia de segundo grado del Santo Patrono.
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La historia de la comunidad de San Cayetano, en el barrio La Floresta de la ciudad de Formosa, está profundamente ligada a la memoria de sus vecinos, a la solidaridad y a una fe que se sostuvo a lo largo de siete décadas.
Así quedó reflejado en una reciente emisión del programa radial La Voz del Santuario Nuestra Señora del Carmen, espacio de la Pastoral de la Comunicación de la Parroquia Catedral, que se emite por Radio Manantial.
En el estudio participaron Alcira Elizabeth Ojeda, ex catequista, fotógrafa e interesada en la historiografía local, y María Teresa López, liturga y servidora de la catequesis familiar, quienes compartieron recuerdos, documentos y experiencias vinculadas con la vida de la capilla.
La entrevista tuvo como eje una doble celebración: los 70 años de presencia de San Cayetano en el barrio y la reciente intronización de una reliquia del Santo, acontecimiento que constituye un nuevo capítulo en la historia espiritual de la comunidad.
Para comprender la historia de San Cayetano hay que remontarse a las décadas de 1940 y 1950, cuando la ciudad de Formosa comenzaba a extenderse hacia el Norte. La Floresta era entonces una zona muy diferente a la actualidad: monte, senderos, picadas y lotes rurales conformaban el paisaje de un sector todavía alejado del centro. Para los primeros pobladores, llegar hasta la Catedral para participar de una misa, bautismo o recibir los sacramentos implicaba recorrer largas distancias a pie, a caballo o en bicicleta.
Frente a esa realidad, los vecinos plantearon la necesidad de contar con un espacio de culto propio y se acercaron al padre Felipe Pifer, quien dio su aprobación para la construcción de una capilla, con una condición concreta: conseguir un terreno.
La respuesta llegó de la mano de la familia Cohen, que donó el espacio donde comenzó a gestarse el proyecto. Como primer gesto de aquella comunidad naciente, los vecinos plantaron una cruz de palmeras, marcando simbólicamente el lugar donde se levantaría el templo.
A partir de entonces comenzó una verdadera tarea comunitaria. Los recursos eran escasos, pero abundaban la voluntad y la solidaridad. Los primeros materiales fueron apenas dos mil ladrillos, junto con maderas que llegaron desde Misión Laishí en la camioneta del sacerdote.
Pero la comunidad no se limitó a esperar recursos externos. Para abaratar los costos y avanzar con la obra, los propios vecinos pusieron en marcha una ladrillería ubicada a una cuadra del predio.
Familias pioneras como los Parola, Don Guido, Eduardo, José Aguilar y los Escobar, entre otras, participaron en la elaboración artesanal de los ladrillos con los que se fue levantando el templo. Así, cada pared de aquella primera capilla llevaba también la marca del trabajo de quienes soñaban con tener un lugar donde encontrarse, rezar y celebrar la fe.
Fe y Providencia
La devoción a San Cayetano está vinculada tradicionalmente con el Pan, la Paz y el Trabajo, pero también con la Providencia. Y esa dimensión de la fe se expresa de manera concreta en el trabajo social que desarrolla la comunidad.
Uno de los principales espacios de asistencia es el Comedor Cáritas San Cayetano, donde la solidaridad se convierte cotidianamente en alimento, acompañamiento y contención. El comedor brinda asistencia a numerosas familias y, en períodos de mayor necesidad, llegó a acompañar a alrededor de 90 familias. Pero la tarea no se limita a la entrega de alimentos: también se generan espacios de encuentro y celebraciones mensuales de acción de gracias destinadas especialmente a niños y jóvenes.
La actividad se sostiene prácticamente durante todo el año gracias al acompañamiento de Cáritas Diocesana y, fundamentalmente, a la colaboración permanente de los devotos.
Cada día 7, fecha especialmente significativa para quienes profesan la devoción a San Cayetano, se reciben donaciones de alimentos -con especial presencia de carne-, además de ropa y otros elementos destinados a quienes más lo necesitan.
A esta tarea se suma la presencia de las religiosas de la Orden de Santa Catalina de Siena, que viven frente al templo y acompañan a la comunidad desde hace décadas.
Las hermanas llegaron al barrio en 1987, convocadas por el padre Feliciano, y desde entonces mantienen abiertas sus puertas para recibir donaciones, acompañar a las familias y brindar contención pastoral.
El Santo llegó por agua
Uno de los episodios más recordados de la historia de la comunidad ocurrió en 1956, cuando llegó la imagen de San Cayetano que se convertiría en el centro de la devoción del barrio. La imagen había sido adquirida en Vicenza, Italia, y fue enviada como obsequio por la hermana del padre Pifer.
Pero trasladarla hasta La Floresta no fue una tarea sencilla. Por entonces, la ausencia de caminos transitables hacía imposible pensar en un traslado convencional. Finalmente, la imagen llegó navegando por el riacho Formosa y luego fue trasladada en carreta hasta el barrio.
El desembarco se produjo el 6 de agosto de 1956, fecha que quedó grabada en la memoria de la comunidad y que dio origen a la tradicional serenata y a la celebración del aniversario.
“Aun siendo un barrio antiguo, no teníamos disposición de calles; eran picadas y senderos. Y el Santo llegó por agua”, recordaron durante el programa.
La frase sintetiza buena parte de aquella época: una ciudad en expansión, una comunidad que abría caminos y un Santo que, literalmente, llegó navegando para convertirse en patrono y compañero de generaciones de formoseños.
Décadas después, el agua volvería a ocupar un lugar central en la historia de San Cayetano, aunque esta vez de manera dramática. Durante la histórica inundación de 1982, la antigua capilla quedó cubierta por la crecida. Ante el avance del agua, la imagen del Santo debió ser puesta a resguardo en el domicilio particular de una vecina, Ana Ríos.
La adversidad no significó, sin embargo, la interrupción de la vida religiosa.
Las misas y las celebraciones patronales continuaron realizándose, incluso bajo una carpa prestada por el Regimiento de Monte 29, demostrando que la comunidad estaba decidida a sostener su espacio de fe aun en medio de una de las situaciones más difíciles que le tocó atravesar. Posteriormente, la capilla fue trasladada a su actual emplazamiento, en Chazarreta y Moiraghi.
De la antigua construcción se recuperaron los ladrillos que habían sido moldeados décadas atrás por los propios vecinos. Esos materiales conservan hoy un fuerte valor simbólico y forman parte de un proyecto que la comunidad mantiene vivo: construir en el futuro un campanario en homenaje a los fundadores.
Una reliquia que une Formosa con Roma
En lo festejos de los 70 años de la comunidad, otro acontecimiento adquiere un significado especial: la llegada de una reliquia de segundo grado de San Cayetano, que actualmente se encuentra expuesta para la veneración de los fieles en el altar de la capilla. Se trata de un fragmento de la capa pluvial utilizada por el Santo en su vida religiosa y en las celebraciones litúrgicas.
Según explicaron las referentes durante el programa, San Cayetano pidió en vida ser sepultado en fosas comunes, por lo que no existen reliquias de primer grado vinculadas con sus restos corporales. Por ello, la reliquia que llegó a Formosa posee una particular significación para la comunidad.
La obtención fue el resultado de un proceso que demandó casi una década de gestiones, iniciado por los sacerdotes Raúl Méndez y Federico Aquino.
La posibilidad finalmente se concretó a través del padre Mario Jiménez, de formación teatina, perteneciente a la misma orden fundada por San Cayetano.
Uno de los momentos recordados durante la emisión fue aquel en que, un 7 de octubre, llegó desde Roma la confirmación que la comunidad esperaba. Posteriormente, la reliquia arribó a la Argentina en enero y finalmente llegó a Formosa en marzo. El traslado estuvo acompañado con especial devoción por las religiosas que la transportaron durante el viaje.
Desde entonces, permanece en la Capilla San Cayetano como signo de comunión espiritual y objeto de veneración para los fieles.
La reliquia puede ser visitada por los fieles durante distintos momentos de la vida comunitaria. La capilla permanece abierta durante las mañanas y también durante los momentos de adoración de los jueves, desde las 16 horas, además de los sábados, durante las actividades de catequesis. Asimismo, puede venerarse durante las celebraciones de la Santa Misa, que se realizan los domingos a las 18 y todos los días 7 de cada mes, también a las 18 horas.
A 70 años de aquella llegada de la imagen de San Cayetano a La Floresta, la comunidad conserva una historia construida con ladrillos hechos a mano, caminos abiertos entre el monte, crecidas que obligaron a empezar nuevamente, celebraciones sostenidas bajo una carpa y generaciones enteras que encontraron en el templo un lugar de encuentro. Ahora, con la llegada de la reliquia desde Roma, ese vínculo adquiere una nueva dimensión.
La historia de San Cayetano en La Floresta continúa así entre memoria y Providencia: la memoria de quienes levantaron la capilla con sus propias manos y la Providencia que, para esta comunidad, se expresa no solo en la fe, sino también en el alimento compartido, la ayuda al prójimo y la certeza de que, aun frente a las dificultades, siempre hay razones para seguir construyendo comunidad.