Escenario y pantalla para pensar el trabajo, los vínculos y los mandatos sociales
La Mandinga apuesta al encuentro con una agenda de teatro y cine social
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Hay espacios que no se resignan a la lógica del consumo rápido, del aislamiento y de la indiferencia. Espacios donde todavía es posible sentarse a mirar una obra, compartir una película, discutir lo que duele y quedarse conversando después, en ronda, entre mesas, luces tenues y el rumor de una cantina abierta. Este fin de semana, el Centro Cultural Independiente La Mandinga vuelve a proponer justamente eso: arte para pensar, sentir, debatir y volver a encontrarnos, en tiempos donde los mandatos parecen asfixiarnos, la propuesta nos invita a pausar, mirar y, sobre todo, encontrarnos. Porque no se trata solo de ver una obra o una película; se trata de lo que pasa después. El patio y la cantina de La Mandinga esperan para transformar el silencio del espectador en la palabra compartida, construyendo comunidad entre charlas y reflexiones.
La agenda de La Mandinga combina teatro y cine debate con temáticas profundamente atravesadas por el presente: los mandatos sociales que moldean identidades, las imposiciones económicas que colocan el mercado por encima del trabajo y las formas de un sistema que muchas veces parece expulsar lo humano de la escena cotidiana.
La Clavelito: La reconstrucción de una identidad
El sábado 16 de mayo, a las 21.30, volverá a presentarse La Clavelito - Una mujer hecha de retazos, el unipersonal protagonizado por Gabriela Zorrilla y dirigido por Violeta Zorrilla, luego de un estreno que dejó sala llena y fuertes repercusiones emocionales. La obra nace del entrenamiento actoral y de una búsqueda íntima: contar la historia de una mujer de 50 años que, enfrentada a sus propios recuerdos, empieza a desmontar las creencias y mandatos que la empujaron durante años a convertirse en una supuesta “mujer normal”. En ese recorrido aparecen voces, escenas y personajes de autores como Antón Chéjov, Griselda Gambaro, Federico García Lorca y Alejandro Urdapilleta, que regresan como ecos de una vida fragmentada.
La protagonista arma y desarma su propia historia como quien junta piezas dispersas de un rompecabezas. Lo teatral se vuelve entonces memoria, confesión y pregunta: ¿cuánto de lo que somos fue realmente elegido?. Las entradas tienen un valor de 15 mil pesos, con promoción de dos por 20 mil. Las reservas pueden realizarse al 3704-413388 o a través del Instagram @laclavelito.
El cine como trinchera colectiva
La segunda propuesta llegará el domingo 17 de mayo, a las 18, con una nueva edición del ciclo de cine debate Solx No Se Nace, impulsado por un colectivo de psicólogas y artistas que desde hace tiempo viene construyendo espacios de encuentro y reflexión comunitaria.
En esta oportunidad se proyectará la película Industria Argentina, dirigida por Ricardo Díaz Iacoponi, una historia ambientada en la crisis de 2002 que retrata el derrumbe de una fábrica de autopartes y la lucha de sus trabajadores frente al abandono patronal. La película sigue especialmente a Juan, un trabajador correntino que observa cómo el horizonte se vuelve cada vez más oscuro, y a Daniel, obrero histórico de la fábrica que termina convirtiéndose en referente de sus compañeros cuando el cierre parece inevitable. Frente a la amenaza del desempleo y la miseria, aparece una posibilidad colectiva: organizarse y sostener la producción a través de una cooperativa.
Con actuaciones destacadas de Carlos Portaluppi, Cutuli, Aymará Rovera, Celina Font, Daniel Valenzuela, Manuel Vicente y Soledad Silveyra, el film evita los grandes artificios para contar una historia profundamente humana sobre la desesperanza, la dignidad y la resistencia.
Desde la organización del ciclo contaron que el cine debate nació de “la necesidad imperiosa de volver a encontrarnos, de construir espacios donde el malestar pueda circular colectivamente y donde todavía sea posible imaginar otras formas de habitar el presente”. La actividad será a la gorra y las novedades del ciclo pueden seguirse en Instagram a través de @ciclodecine.fsa.
Entre funciones, charlas y mesas compartidas, La Mandinga vuelve a recordarnos algo sencillo pero urgente: que el arte también puede ser refugio, pregunta y comunidad; es el pretexto perfecto para no sentirnos tan solos.