SALIÓ AL CRUCE DE LAS DECLARACIONES DE BLAS HOYOS
“La nueva planta de producción de dióxido de uranio debe terminarse”, dijo Granada
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“La nueva planta de procesamiento de uranio de Formosa es un proyecto que avanzó hasta el desfinanciamiento a toda la actividad científica y tecnológica nacional durante el Gobierno de Mauricio Macri, y que se extendió por la incapacidad rampante del Gobierno de Alberto Fernández. La detención de la obra no fue fruto de un problema de su diseño o ingeniería, sino del flujo de fondos del Estado nacional”, dilucidó.
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El físico Rolando Granada, profesor emérito del Instituto Balseiro e investigador de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), se refirió a una reciente publicación sobre la planta de la empresa Dioxitek en Formosa.
Primeramente, consideró “indispensable” manifestar su opinión respecto a conceptos vertidos en el artículo firmado por Blas Hoyos “por disentir de los mismos y en el entendimiento de que se deben utilizar elementos técnicos básicos para el análisis”.
En ese sentido, en alusión al secretario de Asuntos Nucleares, Federico Ramos Nápoli, citado en la nota por Hoyos, Granada afirmó que “es otro funcionario que arriba a un puesto clave a la cabeza de todo el sector nuclear argentino luego de colaborar en el sector de prensa de Karina Milei”, recordando que “pasó luego algunos meses como gerente general y presidente de Dioxitek, donde básicamente se dedicó a reducir la planta de personal según las premisas del Gobierno nacional”.
“Quienes conocemos desde adentro la situación de nuestro sector nuclear nos resulta sorprendente que tal persona esté al frente de toda la actividad nuclear argentina, con una historia riquísima de trabajo y logros en sus 75 años de existencia”, esbozó.
Como ejemplo, mencionó que, al referirse a Dioxitek, Nápoli afirmó que “a la fábrica de Alta Córdoba la encontró destruida, sin equipamiento, desfinanciada, agregando que requirió mucho esfuerzo e inversión para su recuperación y que actualmente está plenamente operativa y que en el último año generó 190 toneladas de dióxido de uranio”.
“¿Así que la planta de Córdoba estaba destruida y en solamente seis meses de gestión la llevó a un máximo operativo récord? Absurdo”, planteó Granada, enfatizando que dicha afirmación “refleja la inocencia, la ignorancia o la intención de no expresar la realidad de la situación”.
Asimismo, en respuesta a la afirmación de Hoyos de que “el proyecto de Formosa es un ejemplo típico de la pobre gestión de proyectos que el sector nuclear argentino mostró hasta la fecha”, el físico formoseño hizo notar que “esta cita de la entrevista demuestra la arrogante ignorancia del secretario de Asuntos Nucleares y a quien el señor Hoyos considera en cambio que por haber sido presidente de Dioxitek por algunos meses ‘posee un conocimiento acabado de su situación y su futuro’”.
“La nueva planta de procesamiento de uranio de Formosa es un proyecto que avanzó hasta el desfinanciamiento a toda la actividad científica y tecnológica nacional durante el Gobierno de Mauricio Macri, y que se extendió por la incapacidad rampante del Gobierno de Alberto Fernández. La detención de la obra no fue fruto de un problema de su diseño o ingeniería, sino del flujo de fondos del Estado nacional”, dilucidó.
Respecto a la aseveración que hiciera Hoyos sobre una supuesta “expulsión” de Dioxitek de Córdoba, Granada esclareció: “Luego de la rezonificación que hiciera esa ciudad, que implicó que varias plantas industriales situadas en la zona resignificada tuvieran que desplazarse, se buscaron lugares no muy alejados para la instalación de una nueva planta a fin de mantener la dotación de personal”.
“En varios de los sitios interesantes, el lobby sojero impidió que CNEA radicase la nueva planta aduciendo cuestiones ambientales, cuando en realidad las napas de esas zonas estaban ya afectadas por productos químicos empleados por la agroindustria”, clarificó.
Y prosiguió al referirse a la materia prima, apuntando que lo dicho por Hoyos sobre el diuranato de amonio “es incorrecto”. “La torta amarilla contiene entre un 80 y 90% de uranio, que luego es procesado químicamente para obtener el dióxido de uranio. Se necesita entonces entre 1,1 y 1,2 kilos de torta amarilla para producir 1 kilo de UO2. Si se quisiera obtener este dióxido enriquecido en 235U al 3,5% se necesitarían entre 7 y 10 veces más de torta amarilla para obtener un kilo del dióxido enriquecido”, explicó el especialista.
“La planta de procesamiento se optimiza para minimizar las pérdidas de uranio, así que expresar que el residuo es nuclear y altamente contaminante es otro absurdo –aclaró–. La planta de Formosa está diseñada para generar amoníaco solamente como resto del proceso”.