La palabra que abraza: el Festival Voz Florecida vuelve a sembrar historias en Formosa
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Voz Florecida vuelve a florecer en Formosa con narradoras de todo el país y hay que sentarse a escuchar porque hay historias que no necesitan más que una voz para encontrar un lugar donde quedarse. Una palabra, un gesto, una pausa o una mirada pueden abrir la puerta a mundos enteros, y con esa certeza como punto de partida, la narradora y comunicadora oriunda de El Corralito (Pirané) Marina Silveri -junto al impulso vital del Centro Cultural Independiente La Mandinga- vuelve a activar la magia con la 3.ª edición del Festival Voz Florecida, un circuito cultural que une voluntades, instituciones y territorios a través de la narración oral. Será desde el martes 1 hasta el sábado 5 de septiembre, con 20 narradoras orales (un seleccionado entre voces locales y visitantes de Buenos Aires, Córdoba, Tucumán, Catamarca y Chaco) que desplegarán un itinerario de 25 funciones y tres capacitaciones clave.
El Festival, impulsado de manera autogestiva por Silveri, reivindica el valor de la narración oral como expresión artística, herramienta pedagógica y espacio de encuentro comunitario. Habrá actividades en Formosa capital, Villa Escolar y Misión Laishí llevando la palabra narrada a escenarios muy diversos y, especialmente, a públicos que no siempre tienen acceso a este tipo de propuestas. Las narradoras desplegarán sus historias en escuelas, hospitales, centros comunitarios, casas de la Solidaridad, residencias de menores, instituciones y espacios culturales de la capital y el interior provincial.
Como ocurre con buena parte de las experiencias culturales independientes, esta verdadera quijotada cultural es posible gracias a una red de voluntades, colaboraciones y aportes solidarios, y por ello la organización mantiene abierta la posibilidad de realizar donaciones a través del alias vozflorecida.mp, una forma concreta de acompañar la continuidad de un proyecto que apuesta por el encuentro, la circulación cultural y la construcción de públicos. Una oportunidad para ser parte del engranaje que hace florecer la palabra en la región.
A esta red se suman también el Ministerio de Cultura y Educación, el Ministerio de Turismo, el Ministerio de la Comunidad, el Instituto de Pensiones Sociales (IPS) y el Municipio de Villa Escolar, instituciones que colaboran con el desarrollo de las actividades. Además, esta 3era edición fue declarada de interés legislativo por la Cámara de Diputados de la Provincia.
Un mapa federal de historias
La grilla de esta edición reúne a referentes de distintos puntos del país junto a una nutrida representación formoseña, consolidando un intercambio de identidades y tonadas único. El resultado será una verdadera trama de voces y procedencias, con diferentes maneras de entender y ejercer el arte de narrar.
Voces visitantes: Cristina Rodríguez y Ester Chacón (Llavallol), Gladys Márquez (La Plata), Andrea Suárez, Carla Herbstein y Valeria Rinoldi (Córdoba), Regina Sáez (Tucumán), Silvia Lizárraga (Catamarca) y Nora Schwartz (Resistencia).
Voces locales: Carola Mercado, Gabriela Zorrilla, Claudia Pineda, Silvia Polo, Alejandro Flores, Rossana Caballero, Silvina Alessio, Antonia Palacios, Noeli Ibar y la propia Marina Silveri.
Las instancias formativas ocuparán un lugar destacado dentro del Festival con tres talleres intensivos. El martes 1 de septiembre, en la EPES N.º 87, se desarrollará un Taller de narración oral a cargo de las narradoras visitantes. El miércoles 2, la narradora oral y titiritera platense Gladys Márquez llegará a La Mandinga con el Taller de títeres y narración oral Historias en la palma de la mano, una propuesta que cruza dos lenguajes capaces de potenciar la imaginación y el vínculo con las historias. Y el jueves 3 de septiembre, la Escuela Normal será sede del Taller La Narración oral como herramienta pedagógica, dictado por la licenciada Carla Herbstein, de Córdoba. La actividad estará destinada a estudiantes de los profesorados de los distintos institutos terciarios de la capital. Así, el festival no se limita a presentar espectáculos: también propone compartir herramientas, experiencias y saberes para que la narración oral pueda continuar multiplicándose en otros espacios.
Historias que salen al encuentro
Uno de los rasgos más interesantes de Voz Florecida es precisamente su decisión de llevar las historias más allá de los escenarios tradicionales. Las funciones se piensan para encontrarse con comunidades concretas y con espectadores de distintas edades y realidades. Si bien gran parte del circuito dialoga con públicos específicos de instituciones de salud y educación, el Festival ofrecerá ventanas abiertas para el público general en la ciudad capital y el interior:
Miércoles 2/09 (21 hs.): Picado de historias, una velada descontracturada donde el elenco desfilará por las mesas del Bar Nanawa invitando a dejarse llevar por la diversidad de relatos y voces.
Viernes 4/09: función comunitaria en la sala teatral de la Casa del Bicentenario de Villa Escolar.
Sábado 5/09 (16 hs.): función especial para las infancias en La Mandinga.
Sábado 5/09 (21 hs.): gran espectáculo de cierre para adultos en el escenario de La Mandinga.
Durante cinco días, las voces de veinte narradoras recorrerán distintos espacios de Formosa para recordar que los cuentos no pertenecen solamente a los libros. También viven en las voces, en los cuerpos, en los silencios y, sobre todo, en quienes están dispuestos a escuchar. Porque mientras haya alguien que cuente y alguien que quiera escuchar, la magia de las historias seguirá encontrando dónde florecer.
El antiguo ritual de contar
Mucho antes de los libros, de la radio, del cine y de las pantallas, estuvieron las historias contadas de boca en boca. La narración oral acompañó a las comunidades desde tiempos remotos como una manera de transmitir conocimientos, preservar memorias, explicar el mundo, entretener y construir identidad.
Contar y escuchar historias forma parte de una experiencia profundamente humana. En torno a una voz se reúnen recuerdos, emociones, preguntas y fantasías. Un cuento puede divertir a un niño, despertar la memoria de un adulto, conmover, provocar una reflexión o simplemente regalar unos minutos de imaginación.
Por eso, la narración oral no es solamente una herramienta para contar cuentos. Es un lenguaje artístico con recursos propios. Quien narra no simplemente reproduce un texto: interpreta, crea climas, administra silencios, juega con los ritmos, construye un vínculo directo con quienes escuchan y cada público modifica, de alguna manera, la historia que sucede allí. Cada función, por eso, es también un acontecimiento irrepetible y distintas puertas de entrada a un mismo universo: el de las historias compartidas.