Llega Vampiras a Formosa, una historia donde el terror se viste de calor y monte
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Este Halloween, el imaginario del vampirismo abandona la bruma europea y los castillos de piedra para desembarcar directo en la tierra que vio nacer su historia. El sábado 31 de octubre, la sala del Centro Cultural La Mandinga será escenario de una única función imperdible: Vampiras, la obra escrita y dirigida por Tona Passarelli que propone una travesía teatral atravesada por el terror, la ironía, el humor y lo sobrenatural en el corazón de nuestro paisaje.
Ubicada en un pequeño pueblo del litoral argentino durante los años 90, la obra contrapone la aparente tranquilidad cotidiana, el calor y la vegetación de nuestra región con el suspenso del género fantástico. En este cruce, dos universos distantes colisionan: Layla (Liza Polo), una misteriosa inmigrante alemana que oculta su verdadera naturaleza desde hace siglos, y Alba (Pilar Castiñeyras), una joven de los 90 fascinada por la estética gótica que se encuentra en un punto de inflexión decisivo para su vida.
Lejos de los estereotipos tradicionales de la vampiresa reducida al mero monstruo o a la seducción vacía, la dramaturgia utiliza el mito para indagar en preguntas profundamente humanas: la pesadez del paso del tiempo, las complejidades de la maternidad, la red de vínculos entre mujeres y las múltiples formas en que se manifiesta el deseo.
“Me interesaba imaginar qué pasaría si sacábamos a la vampira del castillo, de la noche europea y de todos los lugares donde estamos acostumbrados a encontrarla, y la llevábamos a un pueblo del litoral argentino. A partir de ahí apareció la posibilidad de hablar de mujeres que atraviesan momentos muy distintos de sus vidas: una que lleva siglos existiendo y otra que está frente a una transformación”, reflexiona Tona Passarelli.
Con tintes de la literatura fantástica y de terror rioplatense contemporánea, en Vampiras lo extraño no habita lejos: surge de lo cotidiano, de la cercanía y de la paradoja de un territorio donde la inmortalidad puede no ser un privilegio y la transformación no es necesariamente una condena.