Pérdida del 30% en plazos fijos y crédito por las nubes: la factura del ajuste sobre los ahorristas
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Un informe de la consultora Politiké expone las contradicciones entre el discurso oficial y la realidad económica: la inflación de septiembre (1,9%) acumula un 23,7% en lo que va del año, más del doble de la meta trazada por el Gobierno en el Presupuesto.
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La inflación de septiembre registró un 1,9%, un dato que vuelve a distanciar la realidad de las promesas del presidente Javier Milei, quien había asegurado que para agosto el índice comenzaría a marcar cero. De acuerdo con un reciente informe de la consultora Politiké, los precios aumentaron un 23,7% en los primeros nueve meses de 2026, una cifra que supera ampliamente el 10,1% estimado por el propio Ejecutivo en el Presupuesto aprobado por el Congreso.
El documento recuerda una de las principales consignas de la campaña electoral de 2023: la promesa de cerrar el Banco Central (BCRA) bajo la premisa de que la inflación es “siempre y en todo lugar un fenómeno monetario”. Sin embargo, cerca de cumplir tres años de gestión, la autoridad monetaria no solo sigue operativa, sino que se convirtió en la pieza central para administrar la devaluación, la emisión y la política de tasas que definió a los ganadores y perdedores del ajuste.
Desde diciembre de 2023, la base monetaria -sumatoria de billetes en circulación y depósitos en el BCRA- se multiplicó por cinco. Para Politiké, este dato confronta directamente con el credo presidencial: si una mayor cantidad de pesos derivase inevitablemente en más inflación, los precios no podrían haberse desacelerado en paralelo al crecimiento de la base.
Según la consultora, el verdadero motor inflacionario de esta etapa se originó en la devaluación del 118% dispuesta al inicio del mandato, sumada a la desregulación de precios. El traslado a las góndolas fue inmediato: solo entre diciembre de 2023 y febrero de 2024, la inflación acumuló un 71,3%.
El informe remarca que la competitividad cambiaria obtenida tras aquel salto inicial se diluyó por completo. Desde entonces, el dólar oficial subió un 314%, mientras que los precios escalaron un 344%. Con un tipo de cambio real más atrasado que el previo a la devaluación, la industria nacional, los exportadores y los sectores que compiten con productos importados sufren un fuerte impacto.
Ahorristas castigados y crédito inviable
En el plano financiero, el esquema implementado castiga tanto al ahorrista como al endeudado. Quien optó por resguardarse en un plazo fijo tradicional desde el inicio del Gobierno perdió cerca de un tercio de su poder adquisitivo. En contraposición, las familias y pymes que debieron tomar préstamos personales o refinanciar saldos afrontaron costos exorbitantes.
El informe ilustra esta distorsión con un caso concreto: una deuda de $100 refinanciada mes a mes desde noviembre de 2023 representa hoy $190,6 en pesos constantes, casi el doble de su valor original.
Al mismo tiempo, la brecha entre lo que los bancos pagan por captar depósitos y lo que cobran por prestar (spread bancario) pasó de 21 a 41 puntos. La situación se agrava aún más para los usuarios de billeteras virtuales, donde las tasas efectivas anuales llegan a superar el 860%.
El balance del informe concluye que el ajuste trazó una divisoria clara:
-Ganadores: El sistema financiero y los actores con capacidad de volcar dólares a la bicicleta financiera en pesos (carry trade).
-Perdedores: Los ahorristas en moneda nacional, las familias necesitadas de crédito y el sector productivo relegado por un dólar abaratado.
Politiké sostiene que el Gobierno no eliminó el Banco Central, sino que lo utilizó intensivamente. El promocionado superávit fiscal -pilar del discurso oficial- descansa en omitir los intereses de una deuda que continúa expandiéndose mes a mes.
El déficit oculto y el costo fiscal
El informe de Politiké analiza una variable crítica: el costo fiscal derivado del mantenimiento de tasas elevadas. Al ser el Estado el principal deudor en pesos de la economía, la carga de intereses resulta determinante.
Hasta mediados de 2024, dichos compromisos eran absorbidos por el BCRA; posteriormente, la deuda fue traspasada al Tesoro Nacional mediante letras y bonos. La particularidad de este mecanismo radica en que los intereses no se desembolsan, sino que se capitalizan (se suman al capital), quedando excluidos de la contabilidad fiscal que el Ejecutivo difunde mensualmente.
Las cifras presentadas
son contundentes:
-Superávit informado (Ene 2024 – Jun 2026): 0,24% del PBI.
-Intereses capitalizados (mismo período): 5,8% del PBI.
-Resultado fiscal real: Déficit del 5,6% del PBI.
Según la consultora, de los últimos 32 meses analizados, solo 4 registraron un superávit real (todos concentrados en el primer semestre de 2024). El año 2025 exhibió el mayor deterioro: debido a las altas tasas aplicadas para contener la cotización del dólar en el periodo preelectoral, el déficit real trepó al 8,7% del PBI, a pesar de los festejos oficiales por el superávit primario.