Apertura a las importaciones
Precios más bajos para el consumidor, pero industria y empleo en alerta
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El caso FATE encendió las alarmas. Mientras los consumidores acceden a productos más baratos, más de 60.000 puestos industriales se perdieron desde 2023 y el debate sobre el modelo económico se intensifica.
La apertura comercial impulsada por el gobierno de Javier Milei desde fines de 2023 está transformando la economía argentina de manera profunda y desigual. Con las importaciones creciendo un 26,8% en valor en los primeros once meses de 2025 según el INDEC, el debate ya no es académico: tiene nombre, apellido y, sobre todo, trabajadores en la puerta de fábricas cerradas.
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El caso más resonante es el de FATE, la histórica fabricante de neumáticos de San Fernando, que encadenó sus puertas en los últimos días y condiciona su reapertura a un giro en la política arancelaria. El gobierno, por su parte, ratifica el cierre y defiende el modelo. Pero FATE no está sola: la fábrica de tractores Pauny entró en crisis, Whirlpool cerró su planta en Pilar y Cervecería Quilmes anunció la reducción a la mitad del personal en su planta de Zárate, donde produce cerveza Corona.
Una industria bajo presión
Los números son contundentes. Según un trabajo de la consultora Equilibra elaborado en base a datos del INDEC, de 26 sectores productores de bienes que compiten con importaciones, 20 se contrajeron entre el tercer trimestre de 2023 y el mismo período de 2025. En 14 de esos sectores coincidieron caída productiva y aumento de las compras externas al mismo tiempo.
El Índice de Producción Industrial Manufacturero (IPIM) del INDEC cerró 2025 con un avance de apenas 1,6% respecto de 2024, un dato que resulta magro si se considera que el año anterior había sufrido un desplome del 9,4%. Más significativo aún: según la consultora ACM, el nivel de actividad industrial se mantiene un 8,4% por debajo del registrado en noviembre de 2023, antes del cambio de gobierno. Y en diciembre de 2025, el retroceso interanual fue del 3,9%.
La Unión Industrial Argentina (UIA) ya levantó la voz. En su primera reunión de Junta Directiva de 2026, la entidad advirtió sobre la falta de recuperación y señaló que el empleo industrial acumuló una pérdida de más de 60.000 puestos desde el máximo registrado en agosto de 2023. Los sectores textil, calzado y confecciones figuran entre los más golpeados.
El fenómeno también está transformando la estructura empresarial: el Observatorio de Importaciones de APYME registró en diciembre de 2025 un total de 13.079 empresas importadoras, el nivel más alto para ese mes en los últimos ocho años. Muchas autopartistas, por ejemplo, ya no fabrican sino que importan para seguir operando. Según Clarín, cerca de 7.000 empleos se perdieron en ese sector solo en los últimos dos años.
El impacto en el empleo: una pérdida silenciosa
La destrucción de empleo formal es uno de los costados más críticos del proceso. Según datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) procesados por la Secretaría de Trabajo, entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025 el empleo asalariado privado registrado acumula una caída que se aproxima a los 200.000 puestos. La construcción es el sector más afectado con una pérdida de casi 66.000 puestos, pero la industria manufacturera concentra la mayor parte de los conflictos laborales.
Un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) contabilizó al menos 717 conflictos laborales entre enero de 2024 y febrero de 2026. La industria representó el 62,1% de esos casos, con despidos como causa principal en casi dos tercios de las situaciones.
La caída del empleo se combina, además, con una pérdida del poder adquisitivo. Según el INDEC, el salario promedio real del sector privado cayó un 0,3% mensual en diciembre de 2025, y el Salario Mínimo, Vital y Móvil perdió un 1% de poder de compra en enero de 2026.
El otro lado: precios más bajos para el consumidor
La apertura comercial también tiene un impacto positivo que el gobierno destaca y los datos confirman: la baja de precios en bienes transables. Las divisiones del IPC vinculadas a Indumentaria y Equipamiento del hogar crecieron por debajo del nivel general de inflación. Los electrodomésticos y los vehículos importados se abarataron en términos relativos. Según una consultora privada citada por iProfesional, los lavarropas registraron una caída de precio considerable tras el ingreso masivo de productos del exterior, un proceso en el que las importaciones de ese artículo crecieron más de un 1.400% entre 2023 y 2025.
Para el consumidor que puede comprar, hay más oferta y a mejores precios. Pero para el trabajador industrial que perdió su empleo, o para la PyME que ve cómo sus ventas caen frente a la competencia importada, la ecuación es mucho más compleja.
Por otro lado, en contextos similares en otros momentos, las empresas que producían tendían a convertir sus estructuras para ser importadoras y seguir vendiendo, pero en con el avance tecnológico y logístico de hoy, los consumidores compran directamente sin necesidad de intermediarios locales.
Ganadores y perdedores de un modelo en disputa
El gobierno de Milei defiende la apertura como una política de normalización. El ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, sostuvo públicamente que el esquema actual "no tiene efecto sobre el empleo" y rechazó los pedidos empresariales de mayor protección arancelaria. Desde la cartera económica argumentan que la competencia externa obliga a la industria a ganar productividad y que la recuperación vendrá de los sectores con mayor competitividad real.
Pero, se trata de una competencia desigual. Un análisis de costos de las empresas argentinas muestra que los mayores componentes del precio final de un producto son impuestos internos (IVA, Ingresos Brutos, impuesto al cheque, tasas de financiamiento de las plataformas de pago, costos de envío, etc), y ni siquiera vinculados a costos laborales (sólo implica el 10% aprox.), como se quiso posicionar en la opinión pública. Por ello, los empresarios consideran que es necesario que si se plantea una política de competecia abierta se les brinde a las pymes argentinas las condiciones de competitividad sistémica que necesitan.
Los datos, muestran una economía con dos velocidades. Mientras minería, energía y finanzas lideran la expansión productiva, y por ello los números de macroeconomía vinculados a la actividad económica siguen siendo positivos, la industria manufacturera y la construcción pierden puestos de trabajo. Las importaciones crecieron seis veces más que el PBI durante 2025, según el área de Estudios Económicos del Banco Provincia. Los bienes finales y los vehículos livianos lideraron ese aumento, con un incremento del 70% interanual, una participación que ya supera el promedio de la década del noventa.
Es importante analizar además que los sectores primarios extractivistas, hacia donde se posicionan la mayor parte de las potenciales inversiones logradas con el RIGI, por ejemplo, no llegan a compensar, en cantidad ni calidad, los puestos de trabajo que hoy se estan perdiendo.
El exministro de Economía Matías Kulfas fue más directo: afirmó que Milei tiene con la industria "anteojeras parecidas a las que tenía Cristina con el campo" y que el gobierno va "a contramano del mundo", en materia de política industrial.
Un debate que recién comienza
El caso FATE cristalizó algo que venía acumulándose: la tensión entre un modelo que prioriza la eficiencia asignativa de los mercados abiertos y la realidad de un tejido industrial que genera empleo formal, arraigo territorial y cadenas de proveedores. No es la primera vez que Argentina transita este camino: la apertura de los noventa dejó lecciones que los economistas de distintas corrientes invocan según el momento.
Lo que está en juego no es solo la supervivencia de algunas fábricas, ya que cada empleo que se pierde implica una cadena económica de consumo que se rompe. Es la discusión sobre qué tipo de estructura productiva quiere tener el país. Y esa respuesta, como siempre en Argentina, estará teñida tanto de economía como de política.
Fuentes: INDEC (Intercambio Comercial Argentino, IPC, IPIM), SIPA/Secretaría de Trabajo, consultoras PxQ, Equilibra y ACM, UIA, CEPA, APYME.