Senadores cobrarán casi $12 millones desde agosto y vuelve la polémica por las dietas
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Debido al mecanismo de actualización automática vigente en el Senado desde 2024, cada incremento otorgado al personal legislativo repercute directamente sobre las dietas de los senadores, sin necesidad de una nueva votación en el recinto.
Un nuevo acuerdo paritario para los trabajadores del Congreso volverá a impactar de manera automática en las dietas de los integrantes del Senado de la Nación. A partir de agosto, los legisladores de la Cámara alta percibirán ingresos cercanos a los 12 millones de pesos brutos mensuales, una actualización que reabre el debate sobre las remuneraciones de la dirigencia política en un contexto de ajuste fiscal y pérdida del poder adquisitivo de amplios sectores de la población.
La actualización salarial surge del reciente entendimiento alcanzado entre las autoridades del Congreso y los gremios legislativos, que establece una recomposición acumulativa del 6,7% para los empleados parlamentarios. El incremento se aplicará en tres tramos: un 2,4% retroactivo a junio, un 2,2% correspondiente a julio y un 1,9% adicional en agosto.
Debido al mecanismo de actualización automática vigente en el Senado desde 2024, cada incremento otorgado al personal legislativo repercute directamente sobre las dietas de los senadores, sin necesidad de una nueva votación en el recinto.
Con esta recomposición, cada senador nacional pasará a percibir alrededor de 11,9 millones de pesos brutos por mes, cifra que luego se reduce por los descuentos correspondientes al Impuesto a las Ganancias, aportes previsionales y obra social.
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Un esquema atado a los módulos
Las dietas de los senadores se calculan mediante un sistema de módulos. Actualmente, la remuneración está integrada por 2.500 módulos correspondientes a la dieta, 1.000 módulos en concepto de gastos de representación y 500 módulos por desarraigo, este último destinado a quienes residen fuera de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Al actualizarse el valor del módulo por efecto de la paritaria legislativa, las remuneraciones de los senadores aumentan automáticamente, un mecanismo que ha sido cuestionado en reiteradas oportunidades por distintos sectores políticos y sociales.
De acuerdo con las proyecciones actuales, las dietas de los integrantes de la Cámara alta acumularán cerca de un 19% de incremento entre enero y agosto, porcentaje que se ubicaría por encima de la inflación registrada durante el primer semestre del año.
No todos los senadores percibirán efectivamente el incremento. En ocasiones anteriores, varios legisladores decidieron renunciar parcial o totalmente a los aumentos, congelar sus dietas o donar parte de sus ingresos.
Entre quienes adoptaron esa postura se encuentran integrantes de La Libertad Avanza, algunos representantes de la Unión Cívica Radical, del PRO y de bloques provinciales, aunque hasta el momento no todos los espacios confirmaron qué decisión tomarán frente a esta nueva actualización.
Brecha con la Cámara de Diputados
El nuevo aumento también vuelve a poner de manifiesto la diferencia salarial entre ambas cámaras del Congreso. A diferencia del Senado, en la Cámara de Diputados no existe un mecanismo de actualización automática vinculado a las paritarias legislativas.
Como consecuencia, un diputado nacional percibe actualmente algo más de 6 millones de pesos brutos mensuales, prácticamente la mitad de lo que cobrará un senador desde agosto.
La recomposición salarial también alcanzará a los trabajadores del Congreso, cuyos haberes se actualizarán en los próximos meses conforme al acuerdo paritario. No obstante, la noticia volvió a instalar una discusión que se repite cada vez que se modifican las dietas legislativas: el sistema de actualización automática, la transparencia en las remuneraciones de los representantes nacionales y la brecha existente entre los ingresos de la dirigencia política y la evolución salarial de la mayoría de los trabajadores argentinos.
En un escenario económico marcado por la desaceleración de la inflación, pero también por el ajuste del gasto público y la caída del poder adquisitivo de numerosos sectores, el nuevo incremento de las dietas promete volver a ocupar un lugar central en el debate político y social.