Voy a estar esperando mañana: teatro para mirar lo que otros prefieren no ver
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El domingo 4 de octubre, Kajay Teatro vuelve a encontrarse con el público en La Mandinga con Voy a estar esperando mañana, una obra de dramaturgia y dirección de Marcela Delturco que pone en escena cuerpos, voces e historias que suelen quedar en los márgenes. La propuesta reúne a Rocío Ruiz, Silvana Guanes, Silvia Gabazza, Soledad Dottavio, Carolina Sosa y Gabriel Sosa en una puesta coral donde nadie ocupa el centro por completo y donde la espera, lejos de ser pasividad, se transforma en una forma de resistencia.
Hay casas que cobijan. Y hay casas que, cuando el afuera se vuelve agresivo, mutan en otra cosa: refugio, trinchera o territorio de disputa. En Voy a estar esperando mañana, una vivienda deshabitada de clase media alta abre sus puertas a cuerpos y relatos que llegan desde distintos bordes: mujeres, identidades LGBTQ+ y vidas atravesadas por la exclusión, la violencia y el desplazamiento. El espacio doméstico salta por los aires para convertirse en un territorio donde crujen tensiones que van mucho más allá de sus cuatro paredes. “Nosotras nos metimos en la casa para estar a salvo, para estar juntas. Hasta mañana, decíamos, siempre hasta mañana…”, dice una de las protagonistas.
La obra nació de una herida concreta que sacudió a Formosa: un transfemicidio. Para el grupo, el hecho no fue un dato más, sino el disparador de preguntas urgentes sobre la invisibilización y el lugar que la sociedad le concede -o le niega- a determinados cuerpos. Lejos de la reconstrucción documental o del esquema trillado de víctima y victimario, Kajay eligió el camino más complejo: multiplicar las voces.
Un mapa de voces entrelazadas
La dramaturgia de Delturco es una trama polifónica. No hay un único personaje sobre el cual recaiga todo el peso de la historia. Hay, en cambio, una comunidad de cuerpos que llegan a la escena con sus propias experiencias, lenguajes y maneras de habitar el mundo. La decisión tiene también una dimensión estética. Pero es, sobre todo, una manera de pensar el teatro.
Las vidas de las paseras, las trabajadoras sexuales de la comunidad LGBTQ+ y las mujeres perseguidas se cruzan con otros relatos, incluida una vecina que reproduce discursos de violencia y prejuicio. No como un personaje aislado del mundo que habita, sino como alguien atravesado por discursos sociales que muchas veces se naturalizan hasta volverse cotidianos. Así, la obra construye su propia sintaxis a partir del encuentro entre esas voces. Cada historia conserva sus particularidades, pero necesita de las otras para completar el sentido. Es también una manera de evitar que una vida quede reducida a un expediente, un titular o una fecha.
Esperar no es quedarse quieto
El título condensa la filosofía de la obra. Voy a estar esperando mañana no habla de resignación ni de brazos cruzados. En el universo de Kajay, esperar es mantenerse en pie. Es conservar la voz disponible, permanecer, resistir y volver a actuar.
La espera deja de ser el lugar pasivo del que padece para convertirse en una posición política activa. No se aguarda a un salvador: se espera el momento exacto para continuar. Ese desplazamiento atraviesa buena parte de la propuesta: los personajes no aparecen solamente como víctimas de aquello que les sucede, sino como sujetos capaces de construir vínculos, reconocerse en el otro, acompañarse y pelear por un lugar en el mundo.
Una escena independiente que insiste
En Formosa, el teatro independiente construye desde hace tiempo una memoria propia de la ciudad y de sus conflictos. Lo hace desde salas, espacios culturales, grupos autogestivos y encuentros que muchas veces suceden lejos de los grandes circuitos. Kajay se inscribe en esa tradición y es parte fundamental de esa trama.
Voy a estar esperando mañana toma una problemática social y la convierte en material escénico. No pretende cerrar la discusión ni ofrecer respuestas definitivas. Su apuesta pasa por abrir preguntas y poner determinados cuerpos y voces en un lugar donde puedan ser escuchados. En esa búsqueda, también aparece una idea que atraviesa al grupo: el teatro no está separado de aquello que sucede alrededor. Puede ser una forma de mirar, de incomodar, de recordar y también de construir comunidad.
La obra llega a La Mandinga después de un proceso de escritura, ensayos y encuentros que comenzó el año pasado. El espacio cultural abrió sus puertas para acompañar el proceso y convertirse también en lugar de ensayo y estreno, el 4 de julio del corriente año. Y quizás allí aparezca una de las imágenes más potentes de la propuesta: una casa que se transforma en trinchera y un grupo de personas que, desde ese territorio, decide permanecer. Esperar mañana. Pero no con los brazos cruzados.
Construir colectivamente también desde las fisuras
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La búsqueda de Kajay no se limita a lo que sucede arriba del escenario. El propio proceso de construcción de la obra estuvo atravesado por el trabajo colectivo y por la participación de artistas provenientes de distintas grupalidades teatrales. Para Silvia Gabazza, integrante del elenco, esa metodología forma parte de la identidad del grupo: crear de manera conjunta, discutir las decisiones y permitir que distintas miradas intervengan en el resultado final. Si la obra cuestiona las voces únicas, el proceso creativo tenía que estar dispuesto a asumir el mismo riesgo.
No fue necesariamente un camino sencillo. Trabajar colectivamente también implica negociar, escuchar, ceder y revisar aquello que parecía definitivo. En ese sentido, el proceso terminó dialogando con la propia obra: si la escena cuestiona la centralización de las voces, el modo de construirla debía asumir también ese desafío. El resultado es una puesta que no busca una voz única para explicar aquello que sucede, sino una trama de voces que se necesitan entre sí.
Entradas anticipadas $15.000. Puerta: $20.000.
Para anticipadas: Alias: kajay.teatro- Banco Galicia - Cuenta a nombre de Lorena Belén Greatti (Enviá tu comprobante para la lista de boletería).
Contactos para entradas 3704700606 y 370 4890602.