Mano a mano exclusivo con Día Seis
Walas: “La experiencia y la conexión humana van a ser eternamente irreemplazables”
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El líder de Massacre habló con Día Seis sobre el impacto de Nueve, la evolución de la música argentina y la resistencia de una contracultura low frente a la velocidad del algoritmo.
El romance entre Formosa y Massacre suma un nuevo capítulo. La banda liderada por el icónico Walas e integrada por Pablo Mondello, Luciano Facio, Federico Piskorz y Carlos Carnota, regresa a la provincia el domingo 14 de junio, a las 21, en JBC Club, en lo que será su única presentación en toda la región del NEA. La noche promete ser un ritual completo de la cultura independiente: la apertura estará a cargo de los locales Luc A’ Laiv y el cierre quedará en manos de la DJ Flor Vainilla. Las entradas anticipadas ya están disponibles a través de AlPogo.
Este desembarco —el quinto en territorio formoseño— no es una fecha más; consolida un vínculo de larga data, un puente directo entre el público local y una de las trayectorias más gigantescas del rock nacional. Pioneros absolutos del skate punk en Latinoamérica desde su nacimiento en 1986 como Massacre Palestina, la banda supo transmutar desde el underground más subterráneo hasta el mainstream sin perder un gramo de su espíritu rebelde.
Hoy, consolidados como la referencia ineludible del rock alternativo, llegan con dos recientes Premios Gardel bajo el brazo (Mejor Álbum de Rock y Productor del Año) por Nueve, su noveno disco de estudio. Un trabajo de escala internacional grabado entre Buenos Aires, Brooklyn y Los Ángeles, producido por Gustavo Santaolalla, Héctor Castillo y Federico Piskorz.
A días de pisar suelo formoseño, Walas dialogó en exclusiva con Día Seis sobre el éxito de Nueve, el presente de la música argentina, las nuevas generaciones y el desafío de sostener una identidad artística después de cuatro décadas de trayectoria.
—Nacieron en 1986 como Massacre Palestina, en pleno auge del skate punk subterráneo, y terminaron compartiendo escenario con gigantes como los Ramones, Foo Fighters, Green Day e Iggy Pop. Mirando en retrospectiva, ¿en qué momento sintieron que ese sonido marginal y alternativo de los inicios logró romper la barrera del mainstream sin perder el espíritu rebelde?
Walas: Cuando salió El Mamut, se alinearon los planetas, con Juanchi Baleiron como productor artístico, con las herramientas de nuestra discográfica, Tori como manager, buenas canciones y la entrada a los festivales. Siento que sin perder la identidad ni nuestra postura frente a la música. Pero siempre son las canciones que funcionan en el momento justo. Es una alquimia que no siempre se da aunque todos los artistas la busquemos.
—El disco Nueve llegó después de casi una década sin un álbum de estudio. ¿Qué cambió en Walas y en Massacre durante ese tiempo, y qué refleja el disco de esta nueva etapa de la banda?
W: Nosotros con cada disco intentamos experimentar caminos distintos. En este disco hay menos guitarras, lo trabajamos con 3 productores diferentes. Lo hicimos en diferentes etapas, lo compusimos en pandemia, y todo eso junto generan cambios también en lo personal. No podría sintetizar esos años tan particulares en pocas palabras.
—¿Cómo fue la experiencia de grabar entre Buenos Aires, Brooklyn y Los Ángeles, y qué le aportó la mirada de un prócer como Gustavo Santaolalla a la identidad actual de Massacre?
W: Creo que Gustavo dejó su sello personal en Mariposa sobre todo pero lo que sucede incluso con los feats es que todos terminan siendo Massacre, tenemos una identidad muy fuerte y hasta Vicentico, por ejemplo, con su impronta tan particular, también está incorporado a nuestro sonido y frecuencia.
—Fueron pioneros del skate punk en Latinoamérica y hoy son una referencia del rock alternativo argentino. ¿Cómo ves la evolución de la escena musical desde aquellos años 80 hasta la actualidad? ¿Y qué te genera saber que después de tres décadas Massacre sigue siendo el puente que une al rock clásico con las nuevas expresiones de la cultura independiente?
W: Argentina es un gran generador de talento en todos los niveles, culturales y hasta científicos. Hoy las nuevas recreaciones y géneros están rescatando la mirada al pasado, y eso es muy enriquecedor. Hubo creo yo un momento de estancamiento y que parecía que nada nuevo sucedía. Pero los géneros urbanos y durante la pandemia la cantidad de artistas emergentes aún dentro del Indie que surgieron, es llamativo. Creo que hay un gran semillero muy valioso entre las bandas o solistas nuevos, mucho futuro a pesar de los tiempos difíciles que estamos viviendo. De las crisis históricamente han surgido los movimientos artísticos revolucionarios.
—Muchas de tus letras invitan a mirar la realidad desde otro lugar. En un contexto social tan acelerado y atravesado por las redes sociales, ¿qué creés que el rock todavía puede aportar como espacio de reflexión y libertad?
W: Estamos inmersos en un sistema que te obliga a acelerar para visibilizarte y permanecer vigente, pero tengo esperanza en que un movimiento low emerja como contracultura, y la experiencia y la conexión humana en definitiva, es la que va a ser eternamente irreemplazable.
A casi cuatro décadas de sus primeros pasos, Massacre sigue demostrando que la vigencia no pasa por adaptarse a las modas, sino por sostener una identidad propia. El 14 de junio, la banda vuelve a Formosa para reencontrarse con un público que la acompañó en distintas etapas de su historia. Será una nueva oportunidad para celebrar canciones, recorrido y una forma de entender la música que, como sostiene Walas, sigue encontrando en la experiencia compartida y en la conexión humana su mayor razón de ser. Las cartas están echadas: solo queda asegurar el lugar y dejarse llevar por la alquimia.