Un manotazo de ahogado: cuando la realidad local te devora el relato
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Mientras a nivel nacional se llena la boca hablando de “nueva política” y se manejan con la soberbia de los escritorios porteños, en el territorio las estructuras de cartón se caen a pedazos. La decisión de Karina Milei de intervenir formalmente La Libertad Avanza en Formosa por un plazo de 18 meses no es otra cosa que un manotazo de ahogado desesperado: un reconocimiento implícito de que el sello libertario en la provincia fue un rejunte de improvisados, panqueques políticos y ambiciones personales que fracasó estrepitosamente. En definitiva, la realidad devoró el relato
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La resolución del Comité Ejecutivo nacional expone un papelón sin atenuantes. El partido quedó acéfalo tras la huida de Esteban López Tozzi, ese diputado provincial que llegó colgado de la ola violeta para después pegar el portazo, sumado a la diáspora del diputado nacional Gerardo González, que pasó por cuanto bloque encontró en el Congreso. Balances desquiciados, asambleas fantasmas, obligaciones legales incumplidas, deudas con la justicia electoral y denuncias de todo tipo. Un desgobierno total.
La ineptitud al desnudo frente a una maquinaria aceitada
Este papelón organizativo cobra una dimensión patética cuando se lo contrasta con la realidad que tiene enfrente: el Partido Justicialista local exhibe conducción, gestión ordenada y una organización territorial implacable. Guste o no, el peronismo formoseño maneja una maquinaria aceitada de punta a punta: presencia permanente en terreno, militancia orgánica, cuadros formados y una conducción que no improvisa candidaturas por capricho ni arma listas con oportunistas de redes sociales.
Y como muestra basta un botón: Gabriela Neme denuncio en Comodoro Py el desvio de fondos del erario provincial hacia el partido y terminó pasando vergüenza, no solo porque tuvo que aprender lo que significaban los aportes de los afiliados, sino porque se dio cuente que su propio partido político no tenía los balances presentados y muchas explicaciones que dar de los gastos de campaña.
Es que sabemos que la verdadera política se hace caminando los barrios, solucionando problemas concretos, analizando y discutiendo la actualidad y los problemas con los vecinos, no solo con posteos descolgados en redes sociales que solo buscan un “me gusta” fácil y sin compromiso. Y la dirigencia que supuestamente venía a renovar todo demostró una ineptitud colosal: dirigentes que “no estuvieron a la altura”, peleas internas berretas y una total desconexión con la realidad provincial.
Para tratar de capear el temporal, mandan a un interventor como Diego Vartabedian y recuestan el rearmado en la figura de Atilio Basualdo, buscando ponerle parches a una estructura que ya chocó contra la pared. Pero la jugada llega tarde y mal. Intervenir el partido por un año y medio significa que van a llegar a las elecciones de 2027 atados con alambres, con una intervención digitada a dedo desde Buenos Aires, sin historia, raíces ni identidad formoseña, la prueba cabal que no tienen la menor idea de cómo se construye poder real por fuera de la comodidad de un posteo en redes o un estudio de televisión, pero que sea de “amigos”, no sea cuestión de que repregunten.